En esta era de la inteligencia artificial, es urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas. Existe una diferencia ontológica, incluso antes que estética, entre el arte y lo que una máquina puede generar mediante cálculos estadísticos a partir de millones de imágenes ajenas. A los algoritmos les falta la chispa de lo humano. Por eso, la Iglesia desea renovar la alianza con los artistas y las instituciones culturales: una alianza para custodiar lo humano.
No creo que un italiano sufra tanto cuando le rompen la pasta, como un latinoamericano viendo como este chef pela esa yuca.
Qué ganas de gritarle que eso no se pela así.
Hoy lo único que diré que si uno se cree Hannah Montana en este trabajo, el Vive Claro, el Campín y todos esos venues quedan a 5min en moto uno del otro.