Qué cool esas personas a las que les cuentas algo y después te preguntan: “Oye, ¿cómo te fue?, ¿al final qué pasó?, ¿salió todo bien?”. Porque ahí te das cuenta de que realmente te escucharon y prestaron atención. Esas personas valen oro, son otro nivel.
No te voy a escribir. No porque no quiera, sino porque sé cómo termina esto: yo mirando el teléfono, esperando una respuesta que probablemente nunca llegue. Ya me cansé de esperar algo de ti que nunca llega.
Weee, nunca subestimes mi capacidad de borrar tu número y actuar como si nunca nos hubiéramos conocido. Puedo extrañarte y aun así seguir con mi vida como si nada.
Si me pidieran un consejo para la vida adulta, diría: elige bien a tus amigos, porque este camino está lleno de días complicados, y tener a alguien que te haga sentir acompañado, querido y comprendido puede convertirse en un verdadero descanso para el alma.
Lo peor de tener ganas de escribirte es saber exactamente cómo terminaría: yo esperando una respuesta, tú contestando por compromiso o quizá ni respondiendo, y yo arrepintiéndome de haber vuelto a abrir una puerta que me costó demasiado cerrar.
La amistad para mí, es entender que hay momentos de mucha unión y otros en los que cada quien está resolviendo sus propios procesos. Y ambos están bien. La clave es que el cariño, la confianza y la lealtad siempre se mantengan intactos.
La mejor decisión que tomé fue guardar silencio cuando tenía mucho por decir. Ya no voy a tratar de convencer a nadie de quién soy ni de arreglar lo que no rompí, tampoco voy a esforzarme para que alguien vea mi valor como amistad, pareja o persona.