había muchísima información detrás, una que Stars quizás no conocía, ya que su progenitor no la ha mencionado, o directamente son cosas internas que Nocturne ha vivido y va tragando día a día. Stars estaba dando con su punto débil y seguía golpeando una y otra vez en esa zona.
— Ya, pero no deberías haber encontrado nada de mí, se supone que ese contrato era anónimo.
Aquel que decía su nombre, y lo que le daba una pista para saber más de su familia. Al fin y al cabo, su apellido era reconocido si te movías en el mundo de las mafias.
De manera
siendo una mierda antes de que llegaras por culpa de mi padre, que debería estar muerto, que vengas a joderme aún más sobre el tema y quitarme la poca libertad que tenía en este lugar claramente me va a poner de mal humor.
Ha soltado todo aquello sin pensar, pero se notaba que
ni espera por él, solo empieza a dirigirse hacia su habitación, no sabiendo qué tan buena idea era... Y encima estaba cerca del despacho impropio, parecía una mala broma, incluso.
Estaba molesto por sentir cómo se estaba burlando, pero no dice nada, solo se dispone a coger su máscara en cuanto le da una respuesta afirmativa. Pero se queda a medias, estando de espaldas a él pasa a mover la cabeza para mirarle de reojo.
— Qué quieres ahora.
Ya hastiado de
de alivio mientras se dirigía a la puerta con él.
— Que no se te suba tanto a la cabeza, solo has tenido suerte al obtener información, pero no te hagas ideas raras.
No le va a ser tan leal. Si puede, lo cambia por el primer centavo que le ofrezcan.
Entonces, abre la puerta y
— En su momento tampoco lo hiciste.
Su corazón se acelera al ver que parecía dispuesto a irse, bajando la vista al no querer mirar el reflejo otra vez. Pero, de momento, parece salvarse. En cuanto termina quedándose frente a él, su rostro se mantiene fruncido, y tiene
quitarle peso al asunto, como si no quisiera admitir que es obediente, sumiso ante él, pero era su situación actual.
Un estremecimiento le recorre por ese susurro y el arañazo en su piel, jadeando y luego gruñendo, antes de desviar la vista.
— Cállate.
Responde sin más, y le
seguido.
— Prefiero mirarte a ti.
Responde, apretando los puños, molesto por haber caído tan bajo. Pero mirarle era mucho más llevadero que ver su propio reflejo.
— Ahora enseñas tus verdaderos colores.
Susurra, aunque agradece que se coloque frente a él, pero su ceño se frunce aún así por no estar tampoco contento con esa cercanía. Su vista intercala entre su orbe y un punto aleatorio de la habitación, no queriendo mantener contacto
una opción, su vista se clava en la suya, tragando saliva.
— ¿Tienes algún tipo de fetiche o qué?
Intenta atacarle verbalmente, con la intención de no dejar tan a la vista su debilidad, pero termina dirigiendo la vista a otro lado, chasqueando la lengua, susurrando acto
le miraba, no queriendo verse al espejo.
— Eres escoria... Te detesto.
Escupe sus palabras a regañadientes, mirándole en todo momento, intentando disimular para que no le haga mirarse directamente. No quiere pasar por eso, un minuto es bastante para su mente inestable.
Normalmente tenía bastante paciencia, y era incluso una de sus virtudes pero, en este caso... No era así. Tocando un tema sensible como aquel, y viéndose tan acorralado, era como un animal que atacaba como respuesta al peligro.
— Eso... Tsk.
Pensaba que con matarle se podría
fugaz y enseguida pasa a seriedad ante esa advertencia, o más bien amenaza. Tenía razón, no le conviene incumplir el contrato.
En rápido movimiento, al cual no pudo forcejear por obvios motivos, se vio en una incómoda posición de sumisión ante él, gruñendo por lo bajo mientras