Nuestra generación está tan convencida de que siempre habrá algo mejor, que terminó olvidando cómo cuidar lo que ya tiene. Se nos olvida que los vínculos no se encuentran, se construyen y se cuidan.
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Pocas veces se habla de la mujer que tuvo que reconstruir su vida desde cero después de una experiencia que la marcó profundamente. Perdió tranquilidad, estabilidad y tiempo valioso que jamás podrá recuperar. Mientras tanto, la otra persona siguió su camino sin comprender por completo el impacto de sus acciones. Aun así, ella encontró la fuerza para levantarse, sanar sus heridas y volver a creer en sí misma. Su historia no es de derrota, sino de valentía, resiliencia y amor propio.
Todo hombre sueña con quedarse con una mujer que le dé paz, pero muchos olvidan que esa paz no aparece sola.
Nace de cómo la tratas, de cómo la cuidas y de las acciones que la hacen sentirse segura. La tranquilidad no se.. exige, se construye.
Esto no fue escrito por mí, pero tocó profundamente mi corazón…
"Recibió 39 azotes porque 40 eran conocidos por matar a un hombre. Ellos lo querían con vida. Arrancaron mechones de su barba y su cabello desde la raíz. Lo querían con vida. Lo patearon, golpearon y escupieron por horas, hasta que no quedó una sola parte de su cuerpo sin estar cubierta de sangre. Lo querían con vida.
Le clavaron una corona de espinas en la cabeza con tanta fuerza que se incrustó en su piel. Lo querían con vida. Después de horas de ser golpeado, burlado, azotado, flagelado y torturado, lo hicieron caminar con una cruz. Lo obligaron a cargarla. Un madero áspero, con astillas clavándose en heridas abiertas. Lo querían con vida.
Querían que sintiera cada gota de dolor que podían causarle. Él tenía que sentirlo para poder sanarnos. La crucifixión fue históricamente una de las muertes más crueles y tortuosas que un ser humano podía enfrentar. Horas y horas de sufrimiento. Un sufrimiento que muchos de nosotros ni siquiera podemos imaginar, porque esa crueldad no es normal, no es algo que nuestra mente pueda comprender.
Celebramos la Pascua con colores pastel, niños felices buscando huevos y chocolate. Pero la verdad es que no hubo absolutamente nada feliz en el día en que Jesús murió. Fue cruel, sangriento y doloroso.
Él pudo haberlo detenido todo. Pudo haber llamado a todos los ángeles del cielo para destruir a cada persona que gritaba: “¡Crucifíquenlo!”. Pero no lo hizo. Sabía que para tener un domingo, primero tenía que haber un viernes. Sabía que para tener gozo, hay que cargar la cruz.
Ese día, Él lo sintió todo. Sintió el dolor de un corazón destrozado al ver morir a un hijo. Sintió el peso de una vida al borde del abismo. Llevó la carga del dolor, de la pérdida, del sufrimiento que muchas veces sentimos cuando la vida deja de tener sentido.
En esa cruz llevó al pecador y al justo, al culpable y al inocente. Igualó a todos y dijo: TODOS VALEN. Sabía que debía cargar la cruz. Nunca prometió que la cruz que llevamos en esta vida sería ligera. La de Él no lo fue. Pero sí prometió algo: que el domingo viene.
No importa cuán pesado sea tu viernes. En lo económico, emocional, mental o físico… el viernes pesa. La cruz pesa y parece que vas a caer. Pero su promesa es esta: no te dejará cargarla sola.
¿Qué tipo de rey bajaría de su trono por algo así?
Jesús de Nazaret, el Hijo de Dios, lo hizo. Por ti. Por mí. Lo hizo todo por nosotros. Sí, es pesado… tan pesado que a veces sientes que no puedes dar un paso más. Pero levanta la mirada… porque el domingo viene."