A Dios le pido vida y salud para llevarte de mi mano, porque si tu sueño es ir a la luna a la luna vas a ir 🙏🏽😍Te amo con todo mi corazón amor de mami, mi príncipe hermoso, Mi Martin
Dejo suficientemente claro que confío en Junior, en su DT, en sus jugadores y destaco enormemente a su hinchada.
Es un orgullo absoluto ser de Junior. Un regalo de Dios.
#Vamosporla12
Confío en Guillermo Paiva.
Porque las finales no solo las ganan los que siempre figuran. También las ganan los que fueron capaces de resistir. Los que siguieron trabajando cuando llegaron las críticas. Los que no dejaron de creer cuando otros dejaron de hacerlo.
Y siento que Paiva ha sido exactamente eso durante este semestre.
Por eso me ilusiona pensar que mañana pueda tener una noche especial.
Que aparezca cuando más lo necesitemos.
Que aporte como varias veces lo ha hecho. Como cuando le zampó ese golazo a Nacional.
Y por qué no, termine siendo la figura de la final y se lleve su bendita Aguila.
Porque hay recompensas que no llegan cuando uno las exige. Llegan cuando uno las merece.
Y si mañana el fútbol decide sonreírle, muchos sentiremos que simplemente estaba saldando una deuda pendiente con alguien que nunca dejó de insistir.
Vamos Paiva. Vamos Junior.
#VamosPorLa12
hpppp vamossss! Como unos guerreros, por ustedes, por su familia, por el club y por esta hinchada que los alienta desde el alma! yo también creo en ti @Luisfmuriel09
Y confío en @Luisfmuriel09
Porque hay decisiones que se toman con la cabeza y otras que se toman con el corazón. Y creo que la de venir a Junior fue una de esas decisiones que nacieron del corazón.
Después de construir una carrera que muchos futbolistas sueñan tener, después de jugar en algunas de las ligas más importantes del mundo y de vestir la camiseta de la Selección Colombia, Luis Fernando Muriel todavía tenía muchas opciones por delante.
Podía elegir caminos más cómodos.
Podía pensar únicamente en lo económico.
Podía seguir lejos de aquí.
Pero eligió Junior. Eligió el equipo que aprendió a querer desde niño. Eligió regresar cuando todavía tenía fútbol para competir en el exterior.
Eligió asumir el desafío de cumplir un sueño que llevaba años guardando. Y eso tiene un valor enorme.
Porque una cosa es decir que amas unos colores. Y otra muy distinta es tomar decisiones importantes de tu vida para defenderlos.
Su llegada despertó ilusión, pero también expectativas gigantescas.
Y cuando las expectativas son tan altas, la adaptación rara vez es sencilla. Le tocó convivir con la presión y las críticas. Con la impaciencia natural de una hinchada que soñaba con verlo brillar desde el primer día.
Hubo momentos en los que una parte de la tribuna dudó. Momentos en los que parecía más fácil señalar que esperar.
Pero Muriel hizo lo que hacen los grandes futbolistas. Siguió trabajando. Siguió insistiendo.
Y terminó respondiendo de la mejor manera que puede responder un delantero, con goles.
Porque el talento abre puertas. Pero el carácter es lo que permite atravesarlas.
Por eso confío en Luis Fernando Muriel. Porque siento que su historia en Junior todavía está escribiendo sus mejores capítulos.
Porque nadie sacrifica tanto para regresar a casa si no cree profundamente en lo que está haciendo.
Y porque los sueños más grandes no se cumplen el día que firmas un contrato. Se cumplen el día que consigues aquello por lo que regresaste.
Por eso quiero verlo campeón.
Porque hay títulos que valen mucho.
Pero hay títulos que significan algo más.
Y para un hincha que volvió a casa persiguiendo una estrella con la camiseta que ama, no imagino una recompensa más hermosa.
Vamos Muriel. Vamos Junior.
#VamosPorLa12
Confío en Daniel Rivera.
Porque no todos los héroes hacen ruido.
Hay jugadores que se ganan el cariño de la gente desde el primer día y hay otros que deben recorrer un camino más difícil. Daniel tuvo que convivir con las dudas, con las críticas y con quienes no estaban convencidos de que podía asumir la responsabilidad de defender esta camiseta.
Pero el fútbol siempre termina premiando a quienes perseveran.
Cuando llegaron los momentos decisivos, cuando el margen de error desapareció y cuando la presión fue más grande, el cacha respondió. Lo hizo con orden, con carácter y con la serenidad que necesita un equipo que sueña con ser campeón.
Ante Santa Fe y ante Nacional no vimos solamente a un defensor central. Vimos a un jugador comprometido, concentrado y dispuesto a dejarlo todo por este escudo.
Las finales no siempre las ganan los más aplaudidos. Muchas veces las ganan aquellos que trabajaron en silencio hasta estar listos para cuando llegara su oportunidad.
El lunes tendrá noventa minutos para confirmar lo que muchos ya empezamos a ver... Los campeonatos también se construyen desde atrás, con hombres que convierten la duda en confianza y la presión en fortaleza.
Vamos Cacha. Vamos Junior. La gloria también es para quienes nunca dejaron de creer.
Junior es mucho más que un club de fútbol.
Es una identidad. Una marca emocional. Un sentimiento que acompaña la vida de millones de personas.
Hay quienes nacieron siendo hinchas porque sus padres les enseñaron a amar estos colores. Y hay otros, como yo, que un día simplemente se enamoraron de Junior.
Porque a Junior también se le elige.
Se le elige por su historia, por su forma de competir, por la pasión de su gente, por lo que representa para Barranquilla y para el Caribe.
Nació del sueño de una mujer visionaria. Con el paso de los años ha tenido distintos dueños y distintas administraciones. Todos ellos hacen parte de su historia.
Pero Junior nunca ha pertenecido únicamente a quienes aparecen en un certificado de propiedad.
Junior es de Barranquilla. Es del Caribe. Y también es de cada persona que celebra un gol, que sufre una derrota y que, sin importar dónde esté, siente que esos colores también son parte de su vida.
Por eso, la filiación política de un hincha no debería importar. Y tampoco tiene que coincidir con la de quienes administran el club.
Porque cuando rueda el balón, las diferencias quedan afuera.
En la tribuna, o frente a un televisor, se abrazan personas que piensan distinto, votan distinto y viven distinto. Lo único que las une es un escudo.
Los dueños administran el club. Los jugadores defienden la camiseta. Pero el verdadero patrimonio de Junior siempre ha sido SU GENTE.
Porque los propietarios cambian. Los dirigentes pasan. Los futbolistas también... El sentimiento permanece.
Confío en Fabián Ángel.
Porque el fútbol, como la vida, suele poner a prueba a quienes están destinados a levantarse.
Fabián fue, durante muchos meses, uno de los jugadores más cuestionados de Junior. Mientras algunos pedían más oportunidades y otros dudaban de sus condiciones, él tuvo que convivir con algo aún más difícil, la falta de minutos.
En febrero apenas disputó 45 minutos. En marzo, solo 27. Abril trajo algo más de participación, pero todavía lejos del protagonismo que muchos esperaban.
Sin embargo, nunca dejó de trabajar, de prepararse, de creer.
Y el fútbol, que suele ser injusto por momentos, también sabe recompensar a quienes perseveran.
Mayo marcó un punto de inflexión. Empezaron a aparecer las actuaciones que muchos esperaban. Su presencia fue importante en partidos determinantes frente a Once Caldas, Santa Fe y Nacional. Ya no era solo un jugador cumpliendo una función. Era un futbolista influyendo en el rendimiento del equipo.
Pero quizá lo más significativo no fue su nivel futbolístico. Fue la confianza que encontró.
La confianza que le dio el entrenador cuando muchos veían dudas. La confianza que terminó convirtiéndolo en capitán de Junior, una responsabilidad que no se entrega por casualidad.
Porque la capitanía no siempre la recibe quien más habla. Muchas veces la recibe quien más resiste.
Hoy Fabián Ángel llega a la final convertido en el símbolo de una redención construida con paciencia, trabajo y carácter.
Por eso tengo la ilusión que el lunes juegue como lo ha hecho en las últimas semanas; con personalidad, con liderazgo y con la tranquilidad de quien sabe todo lo que tuvo que recorrer para llegar hasta aquí.
Hay futbolistas que nacen para ser ídolos. Y hay otros que se ganan el respeto cuando nadie deja de verlos luchar.
Espero el lunes sea una de esas noches en las que el esfuerzo encuentre su recompensa.
Vamos Fabián. Vamos Junior.
Confío plenamente en @MauroSilveiraa1
Los equipos campeones siempre tienen un guardián que aparece cuando más se le necesita, y Mauro ha demostrado estar hecho para esos momentos. Sus atajadas no solo evitan goles; transmiten tranquilidad, orden y confianza a todo el equipo.
A sus 26 años carga la serenidad de quien entiende la responsabilidad de defender al equipo más amado del Caribe. Llegó para asumir un reto enorme y hoy está a las puertas de re escribir su nombre en la historia de Junior.
Las finales no se juegan solo con los pies. También se juegan con carácter, con liderazgo y con esa valentía que tienen los arqueros cuando saben que detrás de ellos hay una región entera soñando.
El lunes no estará solo bajo los tres palos. Tendrá el respaldo de una hinchada que confía en él.
Vamos Mauro. Vamos Junior. El sueño está a 90 minutos.
Confío en @jannen08
Porque hay sueños que tardan en cumplirse, pero cuando llegan, vale la pena luchar por ellos.
Jannenson nunca ocultó que quería vestir la camiseta de Junior. Era un anhelo que muchos conocíamos.
Y también éramos muchos los que pedíamos su llegada, porque desde Unión demostraba que era un futbolista diferente. Un diez de los que cada vez aparecen menos. De esos que levantan la cabeza antes de recibir el balón, que filtran asistencias imposibles y que tienen una zurda capaz de cambiar un partido con un solo toque.
Más de una vez cargó al Unión sobre sus hombros. Por eso ilusionaba verlo de rojiblanco.
Pero cumplir el sueño no significó que todo fuera fácil.
Los primeros meses fueron difíciles. Le costó encontrar continuidad. Las oportunidades fueron escasas y, como les sucede a muchos jugadores, cada minuto en cancha parecía convertirse en un examen.
Sin embargo, nunca dejó de esperar su momento.
Y cuando el entrenador empezó a darle confianza, Sarmiento respondió como responden los futbolistas de jerarquía, jugando.
El partido contra Nacional fue la mejor muestra.
No se escondió. Pidió la pelota. Le dio claridad al equipo, personalidad y fútbol. Jugó con la tranquilidad de quien entiende que los grandes escenarios son para los grandes jugadores.
La hinchada se lo reconoció.
Porque el talento siempre termina encontrando la forma de salir a la luz cuando va acompañado de paciencia y trabajo.
Ahora está a un partido de cumplir el sueño más grande que imaginó cuando deseaba ponerse esta camiseta.
Qué bonito sería que un hincha de Junior, que soñó toda su vida con vestir estos colores, también pueda levantar el trofeo vestido de rojiblanco.
Hay historias que parecen escritas desde hace mucho tiempo.
Ojalá el lunes sea el capítulo más hermoso de la suya.
Vamos Jannenson. Vamos Junior.
Confío en Jhomier Guerrero.
Porque el fútbol siempre tiene una revancha para quienes no dejan de trabajar.
Jhomier ha sido uno de los jugadores más cuestionados del semestre. Escuchó las críticas, soportó las dudas y, aun así, siguió preparándose para cuando llegara su momento.
Y ese momento llegó.
Contra Nacional no solo cumplió en defensa. Se atrevió a hacer aquello que distingue a los grandes laterales; atacar, proyectarse, ofrecer una salida constante y convertirse en un arma ofensiva para el equipo. Jugó con personalidad, con decisión y con la convicción de quien entiende que las finales no se juegan, se ganan.
Tengo la ilusión de que el lunes vuelva a recorrer esa banda con la misma confianza, que sus desbordes generen peligro, que uno de sus centros encuentre destino y que su nombre quede ligado a una nueva estrella para Junior.
Hay jugadores que cambian su historia en una final.
Ojalá esta sea la tarde noche en la que Guerrero deje de ser un jugador cuestionado para convertirse en uno de esos futbolistas que la hinchada recuerda con orgullo.
Vamos Jhomier. Vamos Junior. Que esta sea la recompensa al trabajo, al sacrificio y a la perseverancia.