En Paraguay, la palabra "hẽ" es mágica, dependiendo de la forma expresión, puede significar "sí", "no", "sí, pero no", "no, pero sí", "bueno", etc, cuya interpretación sólo se logra con años de práctica.
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“Los nenes no lloran”… cuántos hemos crecido escuchando esa frase, grabada en nuestra infancia como si sentir fuera un signo de debilidad.
El problema es que detrás de esas palabras se escondió durante generaciones una realidad dura: hombres que no aprendieron a hablar de lo que sentían, adolescentes que sufrieron en silencio y adultos que cargaron con el peso de no poder expresar sus emociones. Hoy las estadísticas son claras: el índice de suicidio es mucho más alto en hombres, y muchos de esos casos inician en la adolescencia, una etapa donde se sienten incomprendidos y solos.
Llamar “cristales” a los niños que lloran o que expresan lo que sienten es un error. La sensibilidad no es fragilidad, es humanidad.
Lo más valioso de esta nueva generación de mamás y papás es que permiten a sus hijos llorar, enojarse, tener miedo, hablar de lo que sienten. Y eso es un cambio enorme.
Mamá, papá: no cometas el error de reprimir los sentimientos de tus hijos. Enséñales que está bien llorar, que está bien pedir ayuda, que está bien decir “me siento mal”. Porque las lágrimas no los hacen menos fuertes, al contrario, los hacen más humanos.
Hoy tenemos la oportunidad de criar hijos que no teman expresar lo que sienten, y eso puede marcar la diferencia entre un adolescente que se calla y uno que busca apoyo, entre una vida que se apaga en silencio y otra que encuentra un camino para sanar.
Yo las vi.
Las vi parir con dolor, con miedo, con una fuerza que nace del amor más puro.
Las vi sufrir el dolor más cruel que puede soportar el cuerpo humano: el del parto.
Y después, enfrentarse al dolor silencioso de la indiferencia.
El de ser juzgadas por maternar “demasiado” o “demasiado poco”.
Señaladas, incluso, por otras mujeres.
Pienso también en ustedes, mamás que están solas criando.
En las que están en un hospital, con el alma en pausa, esperando una mejora, una noticia, una esperanza por sus hijos.
En las que están privadas de libertad, pero siguen siendo madres con todo el corazón.
En las que luchan día a día, sin red de apoyo, sin descanso, pero con una entrega inmensa.
A todas ustedes: no están solas.
Valen. Valen muchísimo.
Su amor, su entrega y su lucha merecen todo el respeto del mundo.
Su maternidad es digna, incluso cuando nadie la aplaude.
Gracias por existir.
!Feliz día de la madres!
¿En serio seguís creyendo que el trauma digital es solo un problema de los niños?
Vivimos una paradoja: nos preocupa cuánto tiempo pasan nuestros hijos con el celular, pero no nos damos cuenta de que muchas veces somos los adultos los más atrapados en la pantalla.
Estamos más pendientes del próximo posteo, de cuántos likes tiene nuestra última foto, de subir una historia en Instagram o de ver un video en TikTok, que de mirar a los ojos a nuestros hijos, de escuchar lo que sienten, de acompañar en silencio, de abrazar sin apuro.
Cada día hay más adultos disociando de la realidad, buscando la mejor pose, el mejor ángulo, la imagen perfecta…
Y en esa búsqueda frenética de “capturar el momento”, se nos escapa lo más importante: vivirlo de verdad.
Muchos niños están creciendo frente a cámaras, pero sin contacto real. Con padres que les sacan fotos todo el tiempo, pero que pocas veces se sientan a jugar, a charlar, a simplemente estar.
El resultado: niños que sienten que necesitan "rendir" frente a una cámara, que entienden que el afecto llega después de una buena foto, que viven con padres físicamente presentes pero emocionalmente ausentes.
La tecnología no es el problema. El problema es el desequilibrio, la falta de límites y la desconexión afectiva.
Nuestros hijos no necesitan una infancia viral, necesitan una infancia real.
Porque no se trata de eliminar las redes, sino de recuperar lo esencial: mirar, escuchar, abrazar, estar.
La próxima vez que quieras grabar un momento, pensá:
¿Estoy guardando un recuerdo o estoy perdiéndolo por no vivirlo plenamente?
Desconectate. Abrazá. Jugá.
Lo más valioso no se publica: se siente.
#CrianzaConsciente #DesconectateParaConectar #InfanciasPresentes #TraumaDigital #MásPresenciaMenosPantallas
Desde que naciiiii, soy Albirrojooo 🎶🇵🇾
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Siempre sentite orgulloso de tu hijo, sin importar cuán pequeños sean sus logros. Para muchos, algo puede parecer insignificante, pero detrás de cada avance hay esfuerzo, dedicación y una historia única.
A veces, la sociedad mide el éxito con estándares generales y olvida que cada niño tiene su propio ritmo, sus propios desafíos y sus propias victorias. Que un niño diga sus primeras palabras, se ate los cordones solo, termine una tarea o simplemente logre adaptarse a un nuevo entorno puede ser un logro inmenso, aunque para otros pase desapercibido.
No minimicemos los esfuerzos de los niños ni la emoción de los padres. Cada avance es un motivo para celebrar, porque detrás de cada pequeño paso hay una gran historia de amor, paciencia y perseverancia.
Si tu hijo avanza, aunque sea un poquito cada día, ya está logrando algo increíble. Y ese orgullo es completamente válido.
#OrgullosoDeTusLogros #CadaPasoCuenta #AmorIncondicional
Antes de que comiencen las clases, tómate unos minutos para conversar con tu hijo sobre la importancia del respeto y la empatía. Explícale que las diferencias físicas, como ser más alto o más bajo, más delgado o más robusto, de piel clara u oscura, no deben ser motivo de burla. Enséñale que la ropa o los zapatos que alguien usa a diario no definen su valor y que una mochila usada puede llevar los mismos sueños que una nueva.
Fomenta en él la inclusión, recuérdale que nadie debe ser excluido por ser diferente o por no tener las mismas oportunidades. Ayúdalo a comprender que las burlas pueden lastimar profundamente y que la escuela es un espacio para aprender y crecer juntos, no para competir.
La educación comienza en casa y es la base de una sociedad más justa y solidaria.