——— ¿Y por qué no estaría? ¿Acaso pensabas que una pila de documentos me había aplastado la cabeza? Hahah~
Se rio, incluso mientras recibía ese beso en la mejilla.
Sin intención de separarse aún, entrelazó su lengua con la de él, explorando lentamente cada contorno de su boca y saboreando por completo su cálido interior. No podía evitarlo, siempre perdía el control de sí misma cuando lo tenía entre sus brazos.
Besarla era un verdadero placer, se sentía completo una vez que la tenía cerca. Y así de cerca...
Gruñó, queriendo fusionarse con ella si es que fuera posible. Se apegó aún más, sin dejar de mover sus labios.
——— Bien, o eso creo. He tenido unos días cansados.
Un suspiro se escapó de sus labios mientras se encogía de hombros. Había perdido la cuenta de cuánto tiempo pasó con la cabeza baja trabajando.
——— "Hm"...
Le devolvió el beso con la misma intensidad, añadiendo alguna que otra mordidita a los labios ajenos cada vez que se le presentaba la oportunidad.
Él tampoco la soltará, nunca. Se perdió unos segundos en su mirada antes de murmurar.
— Bueno, puedo llamarte cuatro ojos si tanto te gusta... Que sea algo especial.
——— Es que cuando me dices "cuatro ojos", siento que es tu forma especial de decirme cariño.
Y así, se colgó de su cuello como un koala que trepa a una rama y no piensa soltarse nunca.
Sus ojitos se entrecerraron, casi con diversión, como si pudiera leerle los pensamientos. Cosa que la hizo intensificar los movimientos e incluso agregar uno que otro sonido extra mientras le sonreía con picardía.
——— ¿Acaso pretendes copiar mis buenas ideas?
——— En el escritorio, en el suelo... en la cocina...
Iba enumerando mientras se movía con ímpetu buscando placer para ambos, las piernas estratégicamente posicionadas para una mayor presión en ese vaivén de caderas.
——— Sí, pero no estaría mal hacerlo durante el día.
Las manos curiosas de la científica fueron toqueteando de aquí a allá, buscando nuevas reacciones de azabache, estas que tanto amaba.
Un suave gemido emitió, ronco, por esa mordida. La miró en silencio durante unos segundos antes de acercarse una vez más a sus labios.
— ¿No lo hago cada noche...?
Sonrió pícaro.
El agarre en su trasero le arrancó un par de risas, las cuales dejó contra su oído antes de darle una mordidita allí, a modo de provocación.
——— No estoy muy segura... ¿Puedes probarme tu tesis?
Respondió a cada beso, proporcionando una suave caricia en su espalda baja.
— Hm, no más que yo...
Y sus manos, imposibles de no moverse aún más se deslizaron después hacia su trasero.
Su habitual sonrisa se ensanchó aún más al escucharlo, y no pudo resistirse a besarlo, una y dos veces, reforzando cuánto lo quería.
———Te amo más. Mucho más.