A veces, la soberbia nos lleva a exiliar personas de nuestro presente, bajo la ilusión de que podemos editar nuestra propio pasado. Sin embargo, olvidamos que la historia compartida es pétrea; haber sido parte de alguien es un destino que no admite reescritura.
“Me sorprendió cuando tomaste el puñal que yo mismo había puesto sobre la mesa sabiendo tus actitudes, pero mayor sorpresa fue verte tomar ese puñal sabiendo yo tus actitudes”.