La articulación de un sistema de voto para nacionales residentes en el extranjero debe, obviamente, garantizar que vote quien tenga derecho y que su voto cuente, es decir, que tenga efectividad pero creo que la cuestión democrática clave es previa: ¿deben votar esas personas? 🧵
Traduzco este texto imprescindible del ex ministro de Exteriores francés y posible candidato a la Presidencial de 2027
Estamos rodeados por las llamas.
No solo en Cap Ferret, en Fontainebleau o en Haute-Marne, donde se están evacuando viviendas. No; todos estamos rodeados, en un sentido moral. Nuestro pasado se está convirtiendo en humo. Nuestras raíces se calcinan. Nuestro futuro desaparece tras el humo de los incendios y se evapora con el agua ausente de una sequía histórica. Los árboles centenarios son la presencia viva de los siglos entre nosotros.
Miles de hectáreas de bosques, brezales y espacios naturales desaparecen en cuestión de horas. Con ellas, son ecosistemas enteros los que se derrumban. Cientos de miles de animales —mamíferos, aves, reptiles, anfibios, insectos y una multitud de organismos invisibles— perecen directamente en las llamas o sucumben en los días posteriores, privados de refugio, agua o alimento. Esta destrucción va mucho más allá de la mera desaparición de especies animales. Cada incendio debilita los equilibrios ecológicos, reduce la capacidad de los suelos y de los bosques para almacenar carbono y retrasa, a veces durante varias décadas, la reconstrucción de los ecosistemas. Toda la vida es hoy una víctima silenciosa de los trastornos climáticos. Los bosques no son un simple decorado. Producen oxígeno, almacenan carbono, regulan el ciclo del agua, albergan una biodiversidad excepcional y hacen posible parte de las condiciones que permiten nuestra propia existencia.
Allí donde arden «esos robles que derriban», nosotros quedamos solos y abandonados, entregados a lo inmediato, a lo desprovisto de vida: el hormigón, las redes sociales, la inteligencia artificial y las pantallas. Nos sentimos encerrados en un presente estrecho, sin pasado ni futuro. ¿Cuántas personas les han dicho en las últimas semanas: «No es posible, parece el fin del mundo»? El escritor Alexis Jenni, tan sensible al destino del mundo vivo, reaccionó a los terribles incendios de Fontainebleau con una hermosa expresión: «¡Está ardiendo la Notre-Dame de los Bosques!». Sí, no es solo madera lo que se consume; es una parte de nuestra alma.
Otra sensación nueva: ya no hay ningún rincón del territorio protegido de la catástrofe. En el pasado existía una solidaridad nacional entre regiones de bajo riesgo —el Norte, Île-de-France, Bretaña— y un sur mediterráneo enfrentado desde hace mucho tiempo a estos peligros. Ahora, cuando ya ningún bosque está a salvo y algunos prevén la aparición de los primeros megaincendios en Francia en el plazo de diez años, existe el riesgo de que cada cual se repliegue sobre el peligro más cercano: el suyo. El riesgo de una lucha por los recursos. El riesgo de asumir la escasez como una fatalidad y actuar en consecuencia.
Los efectos del calentamiento climático están disolviendo, en el espacio, en el tiempo y en las conciencias, aquello que constituye la identidad y la solidaridad nacionales. Por eso he hablado de ecogaullismo, porque siento con angustia la urgencia de recuperar el control sobre nuestro destino nacional. Me desespera un debate político completamente fuera de lugar y las disputas microscópicas entre partidos que obstaculizan la unión. La lucha contra el calentamiento global y por la adaptación no es una política pública más: es una cuestión de soberanía, de estabilidad e incluso de supervivencia. Si dejamos que el Estado sea engullido por las llamas, entonces sí estaremos verdaderamente desnudos. Expuestos a las catástrofes naturales, expuestos a las demás potencias, expuestos al sálvese quien pueda de las desigualdades y de los egoísmos.
No voy a hacerles creer que existen soluciones fáciles. Un problema, una medida, y asunto resuelto. Tampoco voy a hacerles creer que todo es culpa de tal o cual dirigente que, por comodidad, canceló el pedido de dos aviones Canadair. Los franceses no son niños, sino un pueblo probado y madurado por la historia.
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Tiene narices la cosa: los europeos pagamos un sistema de satélites radar único por su capacidad de análisis y respuesta @sentinelonline_ , regalamos los datos a todo el mundo y luego la @NASA_ESP se lleva todo el crédito analizando NUESTRAS imágenes... https://t.co/OhiQQ1HplD
Hemos troceado las carreras universitarias para montar un negocio de másteres inútiles que solo sirven para vaciar la cartera de las familias. Permitidme reflexionar sobre la estafa de los grados Frankenstein y por qué hay que volver a las Licenciaturas generalistas. 🧵va...
🔈 Lo raro de las enfermedades raras es que no se investigen más
Noah Higón: "Es un regalo poder dar voz a tanta gente con enfermedades raras. Es muy triste tener que perder órganos para que nos escuchen"
→ @nh487 es jurista, politóloga y escritora. Tiene 26 años y convive con siete enfermedades raras, lo que le ha llevado a ser una activista por la investigación, la ciencia y la sanidad pública. #LaRevuelta