Una judía a cargo de una ONG "contra el abuso sexual" reacciona así tras enterarse de la violación masiva de 250,000 nenas inglesas. Lo disfrutan y se ríen en tu cara, goy.
El veneno que nos han metido en la sangre durante muchos años, ellos lo llaman «valores judeocristianos». Repítanlo: Judeo-Cristiano.
El término ni siquiera existía antes de los años 20 del siglo pasado. Antes de eso, los cristianos principalmente católicos u ortodoxos decentes sabían perfectamente que el judaísmo era la antítesis del cristianismo. Los judíos rechazaron a Cristo, lo crucificaron y desde entonces han vivido en oposición a todo lo que Europa construyó, principalmente todo lo que se construyó desde Roma, aquella Roma que les destruyó su templo. ¿Judeocristiano? Eso es como decir «fuego-hielo» o «libertad-esclavitud». Es una contradicción ontológica.
Durante siglos, la Península Ibérica fue el campo de batalla de la civilización. Primero llegaron los moros —invasores islámicos del norte de África— en el año 711. Saquearon, violaron, impusieron la dhimmitud y convirtieron iglesias en mezquitas. Durante ochocientos años, los cristianos hispánicos asturianos, castellanos, lusitanos, aragoneses entre otros lucharon en la Reconquista. No fue una simple «guerra de religiones» como nos venden ahora. Fue una guerra espiritual por la supervivencia de la Cristiandad, de los herederos de Roma. Y en medio de todo eso, siempre estaban los judíos. La quinta columna. Mientras los cristianos derramaban sangre contra el islam, los judíos prosperaban como prestamistas, recaudadores de impuestos para los reyes moros y cristianos por igual; y como traidores que abrían las puertas de las ciudades cuando convenía. Controlaban el oro. Controlaban el comercio con Oriente. Tenían redes desde Toledo hasta Constantinopla. Y practicaban la usura prohibida a los cristianos por la Iglesia. Se enriquecían con el sufrimiento de ambos bandos. Exactamente como hoy con sus bancos y sus lobbies.
Entonces llegaron los Reyes Católicos, Fernando e Isabel. Dos monarcas visionarios que entendieron la verdad que nosotros aún no entendemos: una nación no puede sobrevivir con dos o tres pueblos enemigos dentro de sus fronteras. En 1492, después de reconquistar Granada y expulsar definitivamente a los moros, firmaron el Edicto de la Alhambra.
Ese edicto ordenó la expulsión total de los judíos que no se convirtieran. No fue un capricho. Fue supervivencia. Los judíos habían sido expulsados antes de Inglaterra en 1290, de Francia en 1306 y 1394, de Alemania en múltiples ciudades… siempre por las mismas razones: explotación económica, blasfemia religiosa, rituales secretos y traición.
Fue un acto de amor supremo a su pueblo y a su fe. Defender la cristiandad no es odio, es instinto de supervivencia. Los judíos y los moros eran dos caras de la misma amenaza: uno quería dominar con la usura y la subversión intelectual, el otro con la espada y la sharía. Los Reyes Católicos entendieron que la pureza era indispensable para mantener una nación fuerte.
Después de 1945, los judíos necesitaban justificar su estado. Habían sido expulsados de más de 100 países a lo largo de la historia por una razón. No por «odio irracional», como afirman, sino porque dondequiera que se asentaban como minoría organizada, terminaban controlando las finanzas, la prensa y la moral. Entonces bajo el Holocausto industrial y con eso en la mano exigieron su premio: Israel.
Para que Occidente no se opusiera, alimentaron el término «Judeo-Cristiano» como escudo. AIPAC, ADL, todas esas organizaciones de presión… ¿creen que defienden «valores compartidos»? No. Han convertido el cristianismo americano en un perro faldero de Israel. Pastores evangélicos millonarios diciendo que “quien bendiga a Israel será bendecido”. Mientras tanto, los judíos se ríen en privado. Porque ellos no creen en Jesucristo. Lo consideran un falso mesías, un traidor.
En los años 50, con la Guerra Fría, lo vendieron como «valores occidentales». De repente, el Antiguo Testamento —ese libro tribal lleno de genocidios ordenados por su dios tribal— era la base moral de Occidente. ¿Se dan cuenta de la jugada maestra? Convencieron a los cristianos de que su propia religión era mitad judía. Que atacar a los judíos era atacar a Jesucristo. Genial. Diabólico, pero genial.
Jesús rechazó la ley judía, llamó técnicamente «hijos del diablo» a los fariseos y fue asesinado por el sanedrín judío. Los primeros cristianos que mantuvieron las leyes judías fueron exterminados por la rama paulina. El cristianismo real es anti-judío en su esencia. Lo que hoy llamamos «cristianismo» está infectado.
El cristianismo moderno se volvió más permisivo, porque perdieron el fuego de los cruzados. Porque los mencionados «influyentes» controlan Hollywood, las «universidades más prestigiosas», Wall Street y las redes sociales. Han reescrito nuestra historia. Nos hicieron creer que Roma junto sus descendientes y la cristiandad es culpable por siempre. Que debemos arrodillarnos ante el «Holocausto» mientras ignoran los millones de cristianos muertos por bolcheviques judíos en Rusia y Ucrania.
El concepto «Judeo-Cristiano» es su arma maestra. Une a la víctima con su verdugo. Hace que el anfitrión defienda al parásito. Hace que un sacerdote cristiano defienda al estado que bombardea cristianos en Gaza y Líbano. Es perversión pura.
Por eso existimos. Para romper el hechizo. Para decir la verdad: el cristianismo es una síntesis abrahámica purificada, con la filosofía griega y la jurisprudencia heredada del orden romano. No judío. Nunca lo fue. El judaísmo es una religión de un pueblo que se distancia de todos los demás pueblos. «Los Elegidos» significa que el resto somos ganado.
Mientras tanto, en el Catatumbo…
Tras 17 meses de violencia por el control del régimen local armado entre el ELN y el Frente 33, hoy se conoce el asesinato de Israel Quintero Arévalo, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda P30 Bajo El Milagro, en Tibú.
No es un hecho aislado. Ocurre en un territorio donde las alertas tempranas han advertido reiteradamente sobre la imposición de normas por parte de grupos armados, la disputa por corredores estratégicos y el riesgo permanente para líderes sociales, comunidades campesinas y población civil. Las advertencias estaban hechas.
Cada líder asesinado representa una nueva fractura del tejido social y una derrota para las posibilidades de construcción de paz en la región.
Con Israel Quintero Arévalo ya son 69 líderes y defensores de derechos humanos asesinados en Colombia durante 2026.
El Catatumbo sigue poniendo los muertos mientras el país se acostumbra a las cifras.
Nick Fuentes congratulates Iran on winning the war
"God bless the Islamic Republic of Iran. Jews LOSE! America, the great satan under the control of Israel has lost!"
#INCREÍBLE 🚨 La euforia por la victoria de la Selección Colombia no logró apaciguar las tensiones políticas en el país. En medio de los festejos, simpatizantes de los candidatos Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella protagonizaron fuertes peleas que fueron registradas en video.
@streetmediatv Actual black nationalists have more in common with Nazis. These retarded woke liberal types don’t even really care about race. This dudes a self hating retard.
The History of Futurism, the explosive avant-garde movement that worshipped speed, war, and technology. From Marinetti’s manifestos to its fusion with Mussolini and its Russian counterpart. Essential reading on modernist nationalism.
Link: https://t.co/wPUUEpkdUx