🔴 ÚLTIMA HORA | La mujer que acogió a un magrebí por solidaridad y ha tenido que abandonar su casa forma parte de una asociación que ayuda a inmigrantes y refugiados
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Os voy a contar algo que conozco bien. Supongo que es lo que está pasando en la mayoría de nuestros pueblos con la llegada de musulmanes, y más en los pequeños.
Al pueblo de mi madre íbamos cada verano a pasar el mes de agosto, como antes se hacía, cuando eramos felices y no lo sabíamos. Pero ése es otro tema. Nos quedábamos en casa de mi abuela. Edificios de tres alturas, con pisos de cinco habitaciones, dos cuartos de baño completos, dos terrazas y trastero. Protección oficial de los 70, nada que ver con los palacetes de 30 m² actuales. Pero eso también es otra historia.
Desde muy pequeñita permanecía todo el día en la calle. Una cuesta muy poco empinada, a lo largo de la que se sucedían los edificios de tres alturas con árboles en las aceras y aparcamiento en sobra. En los bajos, bares de cortinilla antimosquitos.
Jugábamos. Guardo decenas de fotos corriendo en la carretera por la que apenas pasaban coches. En muchas ocasiones estábamos totalmente a nuestro aire. Escondite inglés, policías y ladrones, la comba, cartas sentados en la acera. Nunca pasaba nada malo. Nos llamaban a cenar y nos despedíamos hasta el día siguiente. Unos años después volvía a salir a la calle tras la cena.
Una piscina municipal coronaba la calle de los bloques de viviendas. Felicidad. Tardes de juegos sin que nadie molestara, sin borrachos ni navajas.
De esto hace ya más de 40 años.
Hará unos 10 comenzaron a llegar los primeros moros. En un principio nada sucedió fuera de lo normal, eran pocos. Pronto las asistentes sociales, ay, siempre las mujeres, empezaron a buscarles ayudas y pisos disponibles. Ellos no pagaban nada, los españoles sí. Pero, repito, eran pocos. La convivencia no se veía resentida. Aún.
Hará unos seis o siete, llegó el primer imán. Tapó a las moras, hasta entonces vestidas a la manera occidental y empezó a pedir una mezquita. Huelga decir que ya hay una. Están construyendo la segunda y hay dos centros de interpretación de la palabra.
Comenzaron las okupaciones y la degradación de los barrios. Ya no vuelvo a casa andando sola. O en coche o en taxi. Si es en taxi, mi madre vigila como un aya renacentista desde el balcón.
Debajo de su casa han puesto una tienda y, aunque el dueño es muy agradable, alrededor del establecimiento no hay más que jarcia. Dos calles a la derecha, uno de los mejores barrios, ha perdido todas las tiendas y sólo ves chilabas y burkas.
A la piscina municipal de verano, construida en la parte alta del pueblo, ya no se puede ir: grupos de magrebíes se han hecho los dueños, los niños pequeños ya no se bañan con sus abuelas en la piscina más grande. Escupen en el agua, se orinan, se tiran encima de los críos. Los socorristas no se meten en las movidas con los moros a los que, por supuesto, pagamos la entrada. Los servicios sociales normalmente se ponen del lado de los peores. Por supuesto las moras pueden bañarse tapadas de arriba a abajo con la porquería del burkini. Pero, ojo, tú no te metas con una térmica de surf, que sales del agua en cero coma. Tampoco podemos comer en la hierba. Nosotros. Ellos sí.
Ya hay navajazos en la entrada, la Policía debe ir cada semana una vez mínimo. El último año dije que no volvería, toca ir a la privada. Más lejos y más complicado de llegar, pero allí no les regalaremos la entrada, así que seguirá habiendo gente medio civilizada. Lo decidí tras tener un lío con la morisma y ver que cada tarde, al volver a casa, sólo me encontraba mesas camillas andantes con cuatro o cinco niños de la mano.
Y en los parques pasa lo mismo, a cincuenta metros de casa de mi madre, hay uno de tamaño mediano. Hasta hace nada los niños del pueblo jugaban despreocupados; ahora han sido sustituidos por moros adolescentes que van allí a pasar la tarde haciendo nada bueno.
Hace unos meses unos menas violaron a 2 crías. Hay robos y atracos como nunca. También agresiones. Los menas hostigan a las chicas. En 5 años no quiero pensarlo. No es ultraderecha, es supervivencia.
Patxi cobra 114.000 € al año.
Patxi no tiene ni idea de cómo está España a nivel paro, inflación, problema de vivienda y carestía de los alimentos.
No sabe que ganar 500 € en solo diez minutos es una bicoca para el 90% de la población española.
PATXI ES UN BOCACHANCLA
Muchos critican a @realDonaldTrump por exigirle a @ZelenskyyUa que aclare donde están esos billones de dólares para la guerra que recibió Ucrania y que se han perdido. Solo puedo decirles que a Marbella están llegando ucranianos que pagan millones por exclusivas villas. En cash. Mucha corrupción. Mucha gente que se ha forrado en Ucrania con la guerra.
Ya no sólo les pagamos el avión de Canarias a Madrid. Ya no sólo alojamos a los inmigrantes ilegales en hoteles de cuatro estrellas. Ahora también los trasladamos en taxi de Mérida a León, a 750€ el trayecto.
Acojonante. Insultante. Indignante.
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Javier Ruiz rectifica tras la amenaza de querella de mis abogados:
Entre las mentiras de RTVE y La Sexta contra mi sobre corrupción y otros delitos, el presentador afirmó incluyó que yo pedí “que se violara en masa a la hija de Pedro Sánchez” entre otras barbaridades.
Me calumnian en prime-time pero luego rectifican en noticias que no indexan o en zonas de baja audiencia de sus canales.
Sois criminales, y os aplastaremos en las generales.