Houston firefighters and their families know what it means to answer the call, no matter where they are.
@HoustonFire Captain Andy Roseborrough and his wife, Dr. Jyothi Lagisetty, were visiting the Teotihuacan pyramids in Mexico when gunfire erupted near the Temple of the Moon.
After taking cover, they heard someone call for a doctor. They ran toward the victims and found a 6-year-old child with multiple gunshot wounds. As they worked to slow the bleeding, bystanders brought them a woman who had also been shot.
Captain Roseborrough and Dr. Lagisetty treated both victims until local bomberos arrived and transported them for care.
We are proud of Captain Roseborrough. We are grateful for Dr. Lagisetty. And we are reminded that service does not stop when the shift ends.
🔴🔴 LENIA BATRES LE CONDONÓ 5 MIL 810 MILLONES DE PESOS A SU HERMANO MARTI BATRES ‼️‼️
Para eso querían el Poder Judicial 😡😡😡😡 para robar a diestra y siniestra.
RTS MASIVO PARA QUE TODOS SE ENTEREN
🚨 *CIDH ACTIVA ALARMA INTERNACIONAL CONTRA REFORMA JUDICIAL DE MÉXICO*🚨
🇲🇽*Nuestro reconocimiento ciudadano y agradecimiento a los 65 jueces y magistrados*(con casi 30 años de carrera cada uno) que lograron algo histórico: que la *CIDH (Comisión Interamericana de Derechos Humanos)* priorice su queja y *le exija al Estado mexicano responder en 4 meses.*
📌 ¿Qué significa esto?
México bloqueó todos los mecanismos internos para cuestionar la reforma judicial. La vía interamericana es la única que quedó.
La CIDH activó el principio de no regresividad: no puedes desmantelar un sistema judicial profesionalizado y sustituirlo por uno de elección popular sin violar tratados internacionales firmados por México en 1981.
⚠️ *Lo que viene puede ser HISTÓRICO:* Si la Comisión concluye que hay violaciones a la Convención Americana, el caso sube a la Corte IDH. Y ahí las sentencias SON VINCULANTES. *México tendría que reformar su reforma.*
🔴 *El fondo del asunto es brutal y nos beneficiará a todos los mexicanos:* No se trata de jueces defendiendo su cargo. Se trata de algo más incómodo: ¿qué pasa cuando quien decide tu libertad, tu patrimonio o tu familia empieza a depender de la lógica política?
Un juez que tiene que mirar al poder antes de dictar sentencia deja de ser juez. Y en ese momento, la justicia deja de ser justicia.
📢 Este caso puede marcar un antes y un después: *No hay democracia posible sin jueces independientes*. Cuando la justicia se politiza, no gana *el pueblo… pierde.* Y pierde en lo más importante: en *la posibilidad real de defenderse frente al poder.*
📢‼️¡COMPARTE! Que esta información llegue lejos.
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
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La juventud mexicana pide que la prensa internacional esté presente durante la mega marcha de este 15 de noviembre. Ayudémosles a compartirlo @bbcmundo
A penas me voy enterando que Carlos Manzo tenía 6 farmacias gratuitas con presupuesto de su alcaldía y no tenía puro paracetamol, tenía medicinas para el cáncer
La gente sí lo quería porque veía por Ellos.
¿Qué carajos haces con todo el dinero @Claudiashein?
Soy parte de una generación que se formó creyendo en la promesa de que la ciencia mexicana podía ser motor de cambio. Estudiamos, publicamos, competimos, nos doctoramos aquí o en el extranjero, convencidos de que al volver encontraríamos un espacio donde nuestras ideas tendrían sentido. Pero el 2025 nos enfrenta con una realidad menos romántica: la academia nacional parece diseñada para conservar, no para transformar.
No es que falte talento; lo hay, y en abundancia. Lo que falta es un ecosistema que lo aproveche. Los concursos de plazas suelen estar escritos para candidatos predeterminados. La evaluación, más que medir la relevancia social de la investigación, premia la obediencia a indicadores que poco dicen de los problemas del país. Y cuando alguien intenta pensar fuera de esos márgenes, se le recuerda rápidamente que el sistema no tolera la disidencia.
Al mismo tiempo, seguimos atrapados en la fascinación con lo extranjero. Muchos de mis colegas viven con la ansiedad de acumular publicaciones en revistas que tal vez nunca leerá un estudiante mexicano. El reconocimiento parece venir siempre de afuera, como si aquí no existiera un público capaz de valorar o cuestionar lo que hacemos. Así, la ciencia mexicana corre el riesgo de convertirse en un reflejo tenue de agendas ajenas, antes que en un espacio creativo capaz de responder a nuestros propios retos.
Lo más frustrante es la distancia entre la ciencia y la vida cotidiana. En las aulas enseñamos a las y los estudiantes sobre biología molecular, sobre física de materiales o sobre neurociencia, mientras afuera la población enfrenta sistemas de salud saturados, carencia de medicamentos y una economía que apenas logra sostenerse. Producimos artículos con temas de frontera, pero seguimos sin resolver cuestiones tan elementales como el acceso equitativo a la educación científica.
Sin embargo, no todo es derrota. Veo brotes de cambio en colectivos de jóvenes investigadores que deciden construir redes propias, en laboratorios que trabajan con comunidades rurales para desarrollar soluciones locales, en académicos que se atreven a hablar con voz crítica frente a la complacencia institucional. Esa es la ciencia que me hace permanecer aquí: una ciencia que se piensa desde México, con conciencia de sus desigualdades y potencialidades.
En este 2025, la pregunta no es si tenemos científicos capaces —porque los hay—, sino si tenemos la valentía de transformar el sistema que los contiene. La autonomía universitaria, en lugar de ser refugio de camarillas, debe ser garantía de libertad intelectual y responsabilidad social. Y la evaluación académica debe dejar de ser un ritual vacío para convertirse en un proceso que premie la creatividad, la honestidad y el impacto real en la sociedad.
Como joven investigador, no tan joven, no espero milagros, pero sí exijo coherencia: que la ciencia mexicana deje de simular modernidad y asuma, por fin, el reto de pensarse y construirse a sí misma. Porque de lo contrario, nuestra generación no solo heredará problemas, sino también el desencanto de haber creído en una promesa que nunca se cumplió.
SER POBRE NO SIGNIFICA SUMISIÓN E IGNORANCIA
Esta señora lo demuestra, el apoyo federal, la pensión no contributiva le sirve, pero no va a permitir que la amedrenten y entiende que ese dinero no es regalo y sale de nuestros impuestos
🚨 Hemos entregado a la Fiscalía General de la República LAS PRUEBAS del uso de recursos públicos para la movilización y compra del voto en la elección judicial, por parte de Morena.
En estas cajas están los cheques expedidos por el Gobierno de la CDMX con los que pagaron a los movilizadores, la lista de quienes son y de los ciudadanos que pretenden movilizar. Tan solo de un solo distrito.
No hay pretexto para la intervención inmediata de las autoridades federales. El fraude electoral debe ser detenido DE INMEDIATO.
💪🏻¡Juntos somos más fuertes!💪🏻
El Oso ha enfrentado grandes desafíos, pero si hay algo que nos define es nuestra capacidad de nunca rendirnos ante las adversidades.🐻❄️
Queremos agradecer de todo corazón el apoyo y los mensajes que nos han compartido #fuerzaoso
Estoy en shock con el caso de Fátima Maite Zavala, la adolescente de 13 años que fue aventada desde el segundo piso de su secundaria por su acosadora, Naomi.
¿El motivo que tuvo Naomi para cometer tal crimen?
Que a Fátima le gusta el k-pop.
¿Saben qué es lo peor de todo?
Que Fátima ya había denunciado a su agresora a las autoridades de la Escuela Secundaria Diurna #236 y NADIE hizo NADA.
Hoy, Fátima se encuentra delicada en el hospital y no se sabe qué ha pasado ni qué va a suceder con su agresora ni con las autoridades escolares que decidieron ignorarla y hacer como que nada estaba pasando.
¿Ya se pronunció la @SEP_mx de @mario_delgado al respecto o siguen en silencio?
#JusticiaParaFatima