Oposición envenenada y llena de odio con bombas Molotov y destrucción masiva no, pero si le daré palo al señor abogado con cada cagada que haga, se la recordaré tal y como se las recordé a Gustavo Petro. No basado en ruido, o insultos vacíos. A ese señor no hay que enaltecerlo,hay que enfrentar sus locuras.
Si gana Abelardo obvio voy a estar pendiente y exclamaré cada una de sus cagadas (cosa que no hizo el petrismo en estos cuatro años) aquí nadie es fanático de ningún malparido.
La guerra nunca será superior en ningún contexto político.
Y la paz "bien intencionada" tampoco.
Cualquiera de los dos proyectos, sería cuestionado. Porque no hay un líder, no hay un mesías, no hay salvador.
Está usted provocando más odio y división. Por no estar de acuerdo con ninguna de las dos posturas, parece que, si esos votos se los dan al menos favorecido o al más favorecido, ya no hay democracia, sino ruido, odio y más masacres.
Son campañas dónde la polarización es afectiva.
Lo que dice la señora es cierto, seguirá la polarización y el odio. Fragmentada y fracturada la sociedad como dijeron por ahí.
Al futuro presidente de Colombia:
No espere aplausos automáticos ni lealtades ciegas. El poder no convierte a nadie en salvador, y la democracia no necesita mesías, sino servidores públicos sometidos al escrutinio ciudadano.
Gobernar no es administrar discursos ni alimentar fanatismos. Es enfrentar la corrupción sin distinguir aliados de adversarios, proteger las instituciones sin capturarlas, respetar la Constitución cuando incomoda y rendir cuentas con hechos, no con propaganda.
Si convierte el Estado en un botín para su movimiento, habrá fracasado. Si desprecia la crítica, habrá traicionado la democracia. Si gobierna para un solo sector del país, habrá renunciado a representar a la Nación.
Colombia necesita un presidente que entienda que el poder es temporal, la ley está por encima de cualquier liderazgo y la ciudadanía no le debe obediencia: le debe vigilancia.
Solo opino algo: ella lo hace desde el odio desenfrenado y provoca más odio desenfrenado, todo por defender figuras. El odio no debe ser normalizado.
Yo no simpatizo con Iván Cepeda y tampoco con Abelardo; esa es la diferencia entre el discurso de ella y los fieles seguidores de Petro-Cepeda.
Yo propongo debate, propongo argumentos. No propongo el "hijueputa petrista" o "hijueputa uribista"; ese rifirrafe ha destruido muchas vidas y familias. Ser crítico no implica que el opuesto sea la solución más acertada.
He leído a Cepeda. He leído a Abelardo. Tengo innumerables preguntas para cada uno, pero como son incómodas, o se contradicen, o creen que a uno lo tilda una izquierda sanguinaria o una extrema derecha, entonces no hay nada. Mientras sigamos sacándonos los ojos, no avanzamos.
Es una relación de causa y efecto. Cualquiera que gane siempre tendrá detractores; no solo quienes gritan y generan zozobra, sino también personas conscientes de las incoherencias en sus promesas. De una u otra manera, siempre será necesario mantener la vigilancia. Así sea el abogado mafioso o el señor que evade preguntas difíciles, sea quien sea el ganador el domingo, nunca dejaré de vigilarlo, tomando como premisa que hay riesgos con ambos.
La violencia nunca ha resuelto los problemas de Colombia; solo ha dejado más muertos, más odio y más división. Justificar un nuevo estallido social violento porque no gusta un eventual resultado electoral no es realismo, es normalizar la confrontación.
Si alguien considera que un gobierno tendrá tendencias autoritarias, la respuesta en una democracia es la oposición política, la movilización pacífica y las instituciones, no insinuar que la violencia es inevitable o deseable. La historia demuestra que la violencia solo engendra más violencia y que quienes terminan pagando el precio son los ciudadanos, no los políticos.