Rafael sabe que él está siendo para Sebastián lo mismo que Federico fue para él, algo mucho más importante que el primer amor: el despertar del deseo. Por eso (entre otras cosas) es Rafael quien consuela a Sebastián, porque se reconoce en la mirada de Rafael.
Añoro nuestros códigos, esos besos en la frente entre sueño y sueño, que aceptases mis manías, hasta las más raras. Que nos riéramos hasta cuando estábamos desconsolados. Ese amor tan puro e impredecible que nos acogió y envolvió.
Siento huir de ese amor, siento huir de ti.
Pero yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama
¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta?
A ver, de verdad nuestra infancia de la generación de los 90-2000 fue la mejor o simplemente es nuestra nostalgia? Pero yo de verdad pienso que fue muy buena