En 1992 salió de una prisión de EE.UU. y fue directo al estudio. Seis años después, su cuerpo dijo basta a los 40. Y seis días antes de irse, dejó un mensaje que aún hace llorar a su gente...
Estoy cansado de escuchar al Papa, a cardenales y obispos hablar a diario de ecología, cambio climático, pobreza o escasez de recursos mientras apenas se habla de pecado, conversión, juicio, gracia y salvación de las almas.
La Iglesia debe ejercer la caridad y preocuparse también por las necesidades materiales del hombre, claro, pero su misión primordial y principal no es administrar el mundo, sino conducir las almas a Cristo. La Iglesia no es una ONG. La caridad cristiana ha sido reducida a pura filantropía: lo temporal ocupa ahora el lugar de lo eterno.
«Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se os darán por añadidura» (Mt 6,33).
Evangelizar, convertir, santificar y salvar almas: para eso existe la Iglesia.