nuevos (que sería discipulaje). Nada de eso: ortodoxia estricta, y adelante. Resulta, naturalmente, mucho más cómodo y, por supuesto, de cierta eficacia social, ya que la gente dice: «Hay que ver lo que sabe Fulano». G. Torrente Ballester 1975
«España es un país de ortodoxias, y cuando uno de nosotros quiere salirse de una es para engancharse inmediatamente a otra. Aceptar el pensamiento de otro es, ante todo, reducirse a sus límites y a su texto. Se toma como base y punto de partida, pero sin apartarse un milímetro
del camino prescrito, sin añadir nada de original, porque esto, la originalidad, es ya heterodoxia. No somos discípulos sino secuaces. (...) No se me ocurre, antes, juzgarlo, ver si acierta o yerra; ni tampoco pensar que alguno de sus embriones puede desarrollarse y abrir cauces