La responsabilidad afectiva no es solo evitar herir, es entender que todo lo que haces, lo que dices, lo que callas, cómo actúas, deja huella en la mente y el corazón del otro.
No se trata de prometer, sino de ser consciente de lo que generas.
Creo que es hermoso tener a alguien que comprenda tu sensibilidad y sepa cuidar tus emociones con paciencia y delicadeza. Hay algo profundamente reconfortante en mostrar tu vulnerabilidad y que la otra persona responda con comprensión, atención y verdadera ternura.