Me quedo en paz conmigo misma, porque el que habla a mis espaldas demuestra que de frente no le da. Y ahí es donde se nota quién soy yo y quiénes son ellos.
Estoy cada vez más seguro de que la gente no es mala, es infeliz.
El que verdaderamente es feliz, no tiene ganas de molestar, de odiar y mucho menos de vivir pendiente de la vida de los demás