A la gente cercana a ti no la admires solo por lo que hace, sino admírala por cómo se encamina a una mejor versión de sí misma.
Rodearte de personas que no iteran, que se quiebran cuando las cosas se ponen difíciles, es el camino a la mediocridad.
Aplica en negocios (que son difíciles el 90% del tiempo), con socios, parejas, amigos. Con todos.