Hoy fui a misa y el padre dijo algo que necesitaba escuchar: “No desesperes por lo que todavía no llega. Dios también está preparando aquello que hoy no puedes ver.”
Dejaron de cantar para convertirlo en un clamor. En un grito de guerra. En un rugido colectivo.
No eran jugadores entonando un himno, era un país entero recordándole al mundo quienes somos.
Esto es lo que no tienen y nos envidian.
Ganamos antes de jugar.