No elegí ser fuerte: tenía que serlo.
Porque romperme no era seguro.
Llorar no cambiaba nada.
Y necesitar a la gente sólo me conducía a la decepción, a la culpa o al castigo.
Chicas, ELIJAN AL QUE LAS TRANQUILIZA. El que no juega, el que no marea, el que no hiere. El que entiende miradas, acompaña silencios y cuida sueños. Ese es amor del que dura.