Me señala el autobús que acaba de marcharse.
—Mira la segunda fila.
Hay una mujer mayor sentada junto a la ventana.
—Es mi mujer.
Me cuenta que tiene principios de demencia y que hay mañanas en las que se despierta convencida de que todavía trabaja en la tienda en la que pasó más de 30 años.
Así que se arregla, prepara su bolso y coge el mismo autobús que cogía entonces.
Hace tres paradas y vuelve a casa.
Le pregunto:
—¿Y por qué usted no va con ella?
Sonríe y me dice:
«Porque si subo con ella, siente que necesita que la cuide. Si cojo el siguiente, siente que todavía puede hacerlo sola».
Él hace cada mañana el mismo recorrido diez minutos por detrás.
Ella no sabe que la sigue.
No sabe que comprueba que ha llegado bien.
Ni que, si algún día se desorienta, él estará a solo unos minutos de distancia.
Cuando llega su autobús, antes de subir, me dice:
«Llegará un día en que tendré que cogerla de la mano para ir a todas partes. Hasta entonces, prefiero que siga creyendo que no me necesita».
Y se va detrás de ella.
A veces querer a alguien también consiste en estar cerca sin hacerle sentir que ya no puede caminar solo.
que verga no poder hacer todo lo que uno quiere un domingo… onda ir a andar en bici, disfrutar del sol, limpiar, levantarse temprano y tomar mates, dormir 8hs de corrido, ver una peli, ir a comer en la montaña, ponerse al día con la facu… ah pero después de las 19hs depresión asegurada
Acabo de enterarme de la teoría de "nunca me rompí un hueso"
Básicamente, dice que si nunca te has roto un hueso, no estabas destinado a sufrir físicamente en la vida, sino que estabas destinado a sufrir más emocional, mental y espiritualmente.
Adivinen quién nunca se ha roto un hueso.