Soy lo suficientemente madura para admitir que a veces soy una persona difícil. Sobrepienso todo, actúo con impulsividad y puedo ser complicada de entender. Soy sensible a otro nivel y necesito paciencia. Pero también sé que mi amor no se compara con el de nadie. Puedo darte el mundo incluso cuando el mío se está desmoronando.
Salir caminando por estos pasillos a la vida real después de haber estado dos horas viendo una película y no estar ubicado en tiempo y espacio. Placeres de la vida
Fiel creyente de que uno de los momentos en los que uno se siente más amado en la vida adulta es cuando la otra persona hace cosas para facilitarte la vida día a día. “Yo te ayudo”, “yo me encargo”, “te colaboro”, “ocúpate de esto y yo me ocupo de lo demás”
Lo bonito que es dar las gracias, ayudar siempre que se puede, valorar los pequeños gestos y estar, incluso cuando a veces no hay nadie para uno. Porque el simple hecho de estar ya dice mucho del corazón.