Más significativo que alguien te genere pasión es que te genere ternura, porque la pasión consume, pero la ternura expande. Y no debe haber nada más satisfactorio que descubrir que el erotismo de una persona tiene que ver con una forma de ser que solo conduce a la admiración.
A veces me idiotizo: no leo, no escribo, no estudio, no creo, no pienso en ello, veo la televisión, estoy en el móvil; me dejo morir.
Vuelvo a mí a los pocos días; renazco.
Me olvido de mí para darme cuenta de cuánto me necesito.
El caso Epstein no es un escándalo sexual ni una suma de excesos individuales: es una foto de cómo funciona el poder. Millones de documentos judiciales, miles de imágenes y videos prueban redes de abuso protagonizadas por varones ultraricos y, sin embargo , el impacto político, el rechazo social y el accionar judicial son mínimos. Esa impunidad es parte constitutiva de la trama.
Los datos lo explican. El 10% más rico del planeta concentra cerca del 75% de la riqueza global y el 0,001% posee más que toda la mitad más pobre de la humanidad. Ese vértice está compuesto casi exclusivamente por varones. El poder económico extremo es masculino; la precariedad y la exposición a la violencia, feminizadas. Y las redes de explotación sexual estén articuladas a esas mismas élites.
La pregunta entonces no debería ser por qué existen Epsteins, sino por qué no pasa nada cuando aparecen las pruebas. Vivimos en un ecosistema de saturación informativa, IA, crisis de las instituciones y noticias falsas que produce cansancio, cinismo, desazón e indignación breve. El enojo se traslada a un tuit y se disuelve sin alterar el poder real.
Esa forma de conducir la conflictividad social es parte del problema: los mismos varones que concentran capital y ejercen violencia son quienes controlan el sistema tecnológico que anestesia la reacción social. Patriarcado y capital no se enfrentan: se producen y se refuerzan mutuamente. Epstein no es la excepción, es la regla.
Cuando finalmente te das cuenta de que el comportamiento de alguien tiene más que ver con su conflicto interno que contigo, aprendes a ser comprensivo. También aprendes, de forma natural, a ser desapegado.
La Navidad en los barrios argentinos es esto: la calle en calma, la luna entre cables, alguna radio prendida, olor a asado temprano, mesas alargadas, calor pegajoso, ventiladores girando y niños felices. No es postal, es pertenencia y lo más lindo que conozco.
Cuando venís un tiempo largo medio en piloto automático y de repente te asalta la angustia y te das cuenta que estaba pasando algo y que ya no podes seguir haciendote el boludo. Eso genera la angustia: ya no podes seguir haciendote el boludo