El presentimiento de una mujer no se equivoca. No sé cómo explicarlo, pero algo en mi siempre sabe. Antes de ver pruebas, antes de escuchar explicaciones, ya lo siento... No es intuición, es ese sexto sentido que nos protege, que nos avisa y que a veces duele pero nunca falla.
Qué año tan cruel. Lloré más de lo que conté, le pedí a Dios respuestas que nunca llegaron y cargué dolores que nadie supo reconocer. Me rompieron el corazón, me hicieron dudar de mí misma y me sentí insuficiente incluso en los días en los que estaba dando todo lo que me quedaba.