— ¿Otra vez...?
Lo mira con expresión de preocupación, sentándose en su regazo. Toca ambas mejillas con sus manos, pegando su frente con la ajena, cerrando sus ojos.
— ¿De qué hablas? ¡Ni siquiera uso perfume ya!
Pero ni siquiera le da tiempo de responderle más, el beso en su cabello provoca que se sonroje, al punto de que parece una roja manzana. La rubia traga saliva.
¿Desde cuándo es así...? Se siente una adolescente. +
—Por supuesto que no huelo mal. Te restriegas tanto conmigo a la hora de dormir que se me ha quedado pegado tu perfume...
Suelta una risa nasal, antes de alejarse un poco más hasta posicionarse detrás suya. Deja un beso sobre su cabello, y entonces deja caer su peso hacía +
— Alina, un placer. ¿Qué haces tan tarde?
Aunque realmente no quiere decir mucho de ella, no le da mucha confianza contar toda su historia. Cree que es mejor así.
— Lo que tú digas.
Obviamente no va a decirle que desde que se la pasan juntos siente un calor en su pecho, uno que no siente desde la muerte de su familia.
Es ahí cuando la rubia voltea a mirarle, observa cómo besa el dorso de su mano, ruborizándose. +
—Eso es mentira, soy hilarante y mi humor es el mejor.
Antes de que se aleje aún más, Vidar toma a Alina de la mano y acerca la misma hasta él. Olfatea, olfatea, pero termina por dejarle un beso en el dorso de la mano.
—¿Pero de verdad huelo feo?
Por supuesto que no, +
⠀⠀—Pero estar en cama con más malestar encima no creo que sea parte de tu lista de deseos, ¿o me equivoco? Bueno... al menos tendrás una linda cuidadora para hacer los días menos pesados.
— Definitivamente tienes poco humor, lobo. Apestas.
Murmura, alejando su mano para mírarsela, notando que su delicada piel, que suele estar nívea, se encuentra rojiza. Seguro ya sabe que tiene colmillos afilados.
Y es mentira, huele bien. Siempre huele bien.
Vidar lleva su mano hasta la muñeca adversa, y lenta pero cuidadosamente saca su dedo de entre sus fauces.
—No me gusta la carne humana. Prefiero una pasta italiana.