Qué asco las viejotas grandulonas y huevudas que están sexualizando a Gilberto Mora. Tiene 17 años, aún conserva su cara de niño; causa ternura, no antojo. Neta qué miedo, qué asco y peor aún, que lo disfracen de chiste. No es gracioso ni en hombres ni en mujeres.
México se está convirtiendo en el güey malacopa que no sabe cuando pararle a su desmadre:
- 4 muertos por asfixia en el Ángel
- Atropellados por zangolotear vehículos
- 1 hombre linchado y asesinado por una multitud ebria de fiesta
-Descalabrados, lesionados
-Vandalismo y acoso
- Peleas, golpes, robos, toneladas de basura
Eso no es “la fiesta del futbol ni el derecho a la felicidad” es la romantización y normalización de la violencia en un país que todos los días produce 40 muertos. Festejo no significa anarquía.
Mientras el país celebra, una noticia pasó prácticamente inadvertida.
El 30 de junio fueron cesadas las 43 personas trabajadoras sociales del Instituto Federal de Defensoría Pública.
No eran personal administrativo. Eran profesionales que realizaban investigaciones socioeconómicas, elaboraban dictámenes en trabajo social e identificaban las condiciones de vulnerabilidad de quienes acuden al Estado porque no pueden pagar una defensa o una asesoría jurídica.
Su trabajo permitía que mujeres víctimas de violencia, niñas, niños y adolescentes, personas mayores, indígenas, migrantes, personas con discapacidad y víctimas de violaciones a derechos humanos recibieran una atención integral y una defensa acorde con su realidad.
Cuando desaparece este personal especializado, no sólo se pierden empleos; también se debilita la posibilidad de impartir una justicia profesional, independiente y de calidad para quienes más la necesitan.
Resulta especialmente preocupante que, después de que la reforma judicial prometió reiteradamente respetar los derechos laborales, continúen presentándose ceses que dejan a personas servidoras públicas sin empleo y, en algunos casos, incluso sin seguridad social para continuar tratamientos médicos indispensables.
Defender los derechos laborales también es defender el Estado de derecho. Y proteger a quienes hacen posible el acceso a la justicia es proteger, sobre todo, a quienes menos tienen.
La justicia también se debilita cuando se despide a quienes la hacen posible.