Esta nueva era se caracteriza por la apología de la maldad y la ridiculización de la empatía. Los malvados ya no tienen que disimular ni andarse con eufemismos. Han convertido su crueldad en un espectáculo, en una marca personal que genera adhesión entre los más despreciables.
Hay casos así en todos los países porque el denominador común es la socialización patriarcal que afecta a todos los hombres.
Decir "monstruo" como algo aislado para no tomar responsabilidad es infantilizar a la sociedad para evitar que se ofendan los de siempre.