Ellos se fueron. Yo me quedé en el consultorio con las piernas temblando, el calzon empapado y la cabeza dándome vueltas:
¿Se habrá dado cuenta del olor?
¿Se me marca algo en la falda?
¿Se escucha todavía el sonido en mi cabeza?
¿Qué hora es? Todavía tengo que atender.
Me senté,
Ese día llevaba una falda negra bien entallada que se me pegaba a las pompas como segunda piel. Se me marcaba todo el culo. La blusa blanca me subía las bubis y se me abría un poco el escote cada vez que me movía. Trabajo en la farmacia-consulta “Roma”, aquí en Tijuana.
Abrí la puerta con la cara lo más seria posible. Su esposa estaba ahí.
���¿Todo bien, doctora?
—Sí… solo una inflamación fuerte. Ya le di crema e indicaciones. Que tome mucha agua y regrese si sigue igual.