Cuando el último desaparecido sea entregado a sus familiares deberían arder las calles y exigir responsabilidades.
De esta catástrofe queda, una vez más, demostrado que los políticos y la prensa son carroñeros, sanguijuelas e incompetentes.
España somos nosotros, los de abajo.
Lo de trabajar de camarera en barras y aguantar a niños terriblemente maleducados y altaneros de 15 años me cansa más que cerrar todos los días a las 8 de la mañana