A veces, por querer arrancarle la verdad al silencio, escarbamos con tanta rabia que no encontramos respuestas… sino espinas; y entre sospechas ajenas y heridas propias, terminamos incendiando con cizaña lo poco que aún respiraba amor.
Una vez más me toca reparar lo irreparable.
Un corazón cansado de amar solo, deshaciéndose en un sentimiento que no regresa. Me estoy muriendo despacio por un amor que no fue para mí y esta vez no hay lección: solo el vacío brutal de haber amado de verdad. Sí… otra vez.