Ojalá puedas llenar tu vida de conexiones reales, de personas que te ayuden a crecer, de almas puras y corazones sabios con quienes aprendas a amarte. Ojalá te rodees de personas mágicas: de las que eligen quedarse, de las que siempre suman y de las que, cuando piensan en ti, no pueden evitar sonreír.
Y llega el día en que aprendes que mucha gente es pasajera, que nadie te pertenece, y que hay que aprovechar a disfrutar cuando se pueda y dejar ir cuando se debe.
Reinvéntate. Tienes que saber que nunca es demasiado tarde para empezar de nuevo. Si no estás contento con el ayer, prueba algo diferente hoy. Puedes redireccionar tu vida, tus propósitos y tus objetivos. Ya no te quedes estancado. Hazlo mejor. Tú puedes.
Estarás mucho más en paz cuando entiendas que no vale la pena estresarte por lo que no puedes controlar: lo viejo, lo malo, lo que viene, lo que se queda o se va, lo que otros hacen o dejan de hacer.
Confía en ti y deja que todo fluya.
La paz que consigues cuando no ocultas, no mientes, no tienes malas intenciones, no envidias y no traicionas. Eso es felicidad: la conciencia tranquila.
Hay personas que aún no has conocido con las que vas a conectar. Hay lugares que aún no has visitado a los que tú ya perteneces. Lo que es tuyo siempre te encuentra.
Sinceramente, no tengo ningún deseo de ser rico para poder comprarme un Rolex o un Lamborghini.
Quiero ser rico para poder disponer de mi tiempo y poder ir al gimnasio a las 3 de la tarde de un lunes.
Para sentarme en una cafetería y relajarme durante una hora en una tarde lluviosa.
Para poder cocinar en casa con ingredientes frescos.
Gastar en mi familia y amigos sin preocuparme por el presupuesto.
Esa es mi idea de una vida rica, no la falsa idea consumista que nos han metido en la cabeza.