Se echó hacia atrás poco a poco con miedo.
Pero parece que algo desvió la atención de los lobos y dejaron de mirarla. El mismo hombre que le salvó en la taberna... ¿Y TENÍA SU UKELELE? SU SALVADOR. Hizo aspaviento con toda la ilusión del mundo en sus ojitos y una gran sonrisa—.
—Preguntas que sin contexto no se entendían. Sintió el pecho cierto cosquilleo y llevó una de sus manos al pecho—.
‘ ¿Llorar...? ’
—Intentó sollozar un poco, pero a la vez algo le impedía hacerlo. El mismo golpe de vacío le distanciaba de la emoción—.
Hasta que escuchó unos ruidos. Un par de lobos del abismo salieron—.
‘ No jodas. ’
—Cogió su cutre espada. No tenía apenas habilidades de lucha pero siempre le sirvió para mantener las peleas alejadas. Obviamente con esa cosa sabía que no iba a poder hacer mucho.
‘ Joder... ¿Me lo habrán robado...? ’
—Se miró las manos con una frustración inmensa que poco a poco se volvía en desesperanza e impotencia—.
‘ ¿Por qué soy yo? ¿Qué hago mal...? ’
—La pobre se encontraba perdida de nuevo entre callejones. Nada. Si además el buque insignia estaba bajo tierra... ¡No debería ser tan difícil!
La chica se perdió tanto que acabó en la entrada de la ciudad—.
‘ ¡MECACHIS! ’
—Se dijo a sí misma con una sacudida de brazos—.
— ¿Segura señorita? Bueno! Si no es su deseo entonces no me molestaré jeje! Aunque tendremos una charla sobre eso...
Su mirada, llena de orgullo frente a ella, fue cambiando a una más seria poco a poco, ¿Que habrá pasado que la chica se fue tan despavorida? ¿Acaso habrá puesto
—Se quedó tan roja como desconcertada—.
‘ ¿Y-yo? ’
—Se señaló a sí misma—.
‘ Eh- ¿Pegarles? ’
—Señaló a los hombres. Alarmada negó con la cabeza rotundamente—.
‘ ¡N-no, no! ¡No hace falta pegar a nadie! ’
—Inquieta jugaba con sus manos. Era una masita de nervios.
Tarde luego de mucho trabajar y patrullar, solo pensaba en una cosa luego de darse de líos con la cacería salvaje, su amada y preciada cerveza! Era el único sabor que era capaz de lidiar con su pesadez.
En el fondo, mientras veía a montones veía a un par de sus muchachos
No se había dado cuenta hasta que, después de andar un rato por las calles y terminar de su hidromiel, se sintió demasiado ligera. Ahora estaba asustada...
Y no sabía cómo volver al lugar. ¡Si se perdía hasta en su propio barrio! Encima no había ni un alma para preguntar.
@BoreasKn1ght
—En la taberna estaba animado el ambiente. La cronista se encontraba tocando su ukelele a solas. Estaba feliz, pues ya había salido una de sus pequeñas historias en un periódico. Se trataba de una leyenda de su hogar natal.
Su corazón dejó de latir por un momento. Se estaba acercando. Debía querer llevarse a estos. Ni siquiera consideró la posibilidad de que estuviera interesado en ella.
Pero cuánto más se acercaba, más se ruborizaba.