Para todos los Bosé, Motos, Padilla, Vaquerizo, Nadal, etc., Merkel os lo explica muy bien, y no tiene que ver con la no-Libertad de expresión. Lo que hay ahora que tanto os molesta es precisamente libertad para contestar y desmontar esos discursos que tratáis de imponer.
@larazon_es está boicoteando a @ZARA. No conozco a nadie que quiera ir con la misma ropa que Isabel Díaz Ayuso. Y habrá mas personas, hombres y mujeres que se lo piensen.
Hay una parte no desdeñable de la sociedad española que añora un estado no democrático. La falta de cultura democrática y el hecho que el dictador muriese en la cama corroboran la falta de tradición y lucha por la democracia, salvo excepciones.
Acaban de propinar un cabezazo a @JPovedaMoreno mientras informaba en directo para @MalasLenguas_Tv con un micrófono de @rtvenoticias. Mi apoyo y solidaridad a un compañero y sobre todo amigo que siempre se ha caracterizado por su talento, solidaridad y positivismo. Abrazo, amigo
DESAPARICION DE UNA MUJER MAYOR DE EDAD
Buscamos a MARIA BELEN SOTO LATORRE, de 52 años, desaparecida en Cartagena. ¿Nos ayudas a buscarla?
Si tienes algún dato sobre ella, llama al 062 GUARDIA CIVIL.
¿Qué clase de ayuda necesita Ceuta aparte de la que ya le proporciona el gobierno de @sanchezcastejon y @avtorresp?
¿Manifestaciones?
¿No sería mejor que las ciudades y la ciudadanía presionasen a sus comunidades autónomas y aceptasen acoger a los menores que están en Ceuta?
Mucha bandera, mucho «¡Ceuta es España!» y concentraciones por todas partes.
Pero cuando toca que sus comunidades acojan unas decenas de niños para aliviar a una Ceuta desbordada, se acabó el patriotismo.
No quieren ayudar a Ceuta. Solo quieren servirse para ganar votos.
@elesteve2 Ya, pero eso no lo paga ni Ana Botella ni su equipo de SU bolsillo. Lo pagamos los habitantes de Madrid de NUESTRO bolsillo. A ella y a su equipo les da completamente lo mismo.
Efectivamente Jon "no es violencia" es un repugnante y doloroso "lema" que os pedimos que dejarais de usar como eslogan de vuestra campaña electoral, que por cierto, no debió funcionar todo lo bien que creíais.
Os lo pedimos, porque suponía la banalización de los crímenes cometidos por este sanguinario, entre ellos el de mi hermano #GregorioOrdóñez.
Os lo pedimos, porque las víctimas merecemos ser tratadas con DIGNIDAD, eso es con RESPETO. Aunque solo una de ellas os lo hubiera pedido, tanto que se os llena la boca con nosotras, tendría que haber servido para que dejarais de utilizarlo. ¿O solo os importan las víctimas con carné? Pues las víctimas del terrorismo somos reflejo social, hacer las cuentas.
Está claro que estás en las antípodas de Gregorio, en este video que te dejo por aquí podría estar hablando ahora mismo de tí, si le hubieran dejado los Txapotes de turno que has tenido la suerte de no sufrirlos 👇🏿
Triste es pedir, pero más triste es robar. Hoy os quiero pedir ayuda. No va de dinero ni de que me repatriéis (de hecho estoy de guardia…aunque bien pensado no estaría mal que me sacarais de aquí).
Como ya he dicho otras veces, Julia I la “Desinquieta” (es un término usado por esta zona…) está peor que nunca. Ayer se pegaba y aporreaba la puerta mientras yo me cambiaba para irnos a correr. Creo que el torrente hormonal que empieza a correr por sus venas está desestabilizando la poca estabilidad que tenía. En casa es raro quien no va marcado por Julia. Pellizcos, guantazos, tirones de pelo y bocados hacen que llevemos la piel como un mapa del tesoro. Sus dientes van en desgaste progresivo por su rechinar y en alguna de estas, parte de su lóbulo temporal del cerebro saldrá por una oreja debido a los golpes que se da.
Como podéis imaginar, las medidas conductuales no funcionan. Tampoco proporcionarle su comunicador. Y está siendo limitante en cuanto a que ella se relacione con otras personas (cuanto más niños y niñas que se acercan a cuerpo gentil a saludarla y vuelven escaldados). Además de peligrar su propia integridad física.
El caso es que consultamos con su psiquiatra. La idea es ponerle una medicación pero va en pastilla, y no se pueden machacar ni hacer un jarabe, porque es de liberación prolongada. Tampoco nos podemos jugar el que lo mastique porque tendría efectos adversos serios.
Así que estamos entrenando a Julia con pastillas de multivitaminico a ver si conseguimos que se las tome sin problema y tras un tiempo poder dar el salto al medicamento en cuestión.
Me gustaría, si alguien tiene algún familiar como Julia, con su dificultad para tragar lo sólido, si ha podido entrenar la capacidad de tomar pastillas de alguna manera.
Os leo en los comentarios. Gracias.
Kathleen Turner was never the kind of woman who could be dazzled by fame, money, or powerful men. When Warren Beatty reportedly tried to add her to his long list of Hollywood romances, she brushed him off with a laugh. She was fiercely independent, impossible to control, and completely comfortable standing her ground.
During the 1980s, Kathleen Turner ruled Hollywood. With her unmistakable smoky voice, magnetic screen presence, and fearless confidence, she became one of the most sought-after actresses of her generation. From the sultry tension of Body Heat to the adventure-filled success of Romancing the Stone, she seemed larger than life.
But behind the glamour, she was beginning a battle far more difficult than anything she faced on screen.
Her breakthrough came in 1981 when Body Heat turned her into an overnight sensation. The film exceeded all expectations, launching her from relative obscurity to international stardom. Almost instantly, she became one of Hollywood’s biggest stars and an enduring symbol of confidence and beauty.
Yet Kathleen never took the label of “sex symbol” too seriously. Raised with a strong-willed, tomboy spirit, she valued talent and determination more than appearances. Her versatility later shined through when she provided the unforgettable voice of Jessica Rabbit, delivering one of cinema’s most iconic lines: “I’m not bad, I’m just drawn that way.”
Then everything changed.
In the early 1990s, Kathleen began suffering from severe pain, relentless fevers, and debilitating fatigue. Simple tasks became impossible. The diagnosis was Rheumatoid Arthritis, an aggressive autoimmune disease that attacks the body's own joints and tissues.
The transformation was devastating. A woman who once performed physically demanding scenes suddenly struggled to hold a pen, button her clothes, or even turn her head comfortably. Doctors warned her that she might eventually spend the rest of her life confined to a wheelchair.
Determined not to surrender, she continued working while relying on powerful steroid treatments. The medication helped manage the disease, but the side effects were harsh. She gained weight, her appearance changed, and her once-glamorous image became a target for public criticism.
Instead of understanding what she was enduring, many people assumed she was simply aging poorly or losing her star power. Few realized she was fighting an exhausting battle every single day just to stay active.
As the pain intensified, she searched for relief wherever she could find it. Alcohol became a way to temporarily silence the constant discomfort. Years later, she openly admitted that vodka helped numb the pain when little else seemed to work.
What began as an attempt to cope eventually became something she needed to confront. In 2002, recognizing the danger, she entered rehab and reclaimed control of her life. Her honesty about that struggle revealed a strength even greater than the characters she portrayed on screen.
Her personal life reflected that same resilience. While filming Romancing the Stone, she and Michael Douglas developed a deep connection, but circumstances made a relationship impossible. Rather than create scandal, they chose friendship, a bond that endured for decades.
Later, she married Jay Weiss, who stood beside her through some of her most difficult years. When her arthritis left her unable to perform basic tasks, he helped with everyday things many people take for granted. Although their marriage eventually ended, their friendship remained intact.
Today, Kathleen Turner may occasionally rely on a cane or wheelchair, but she refuses to let her condition define her. She continues to act, teach, and advocate for people living with autoimmune diseases, proving that determination can outlast physical limitations.
Her journey is a reminder that true strength isn't measured by beauty, fame, or youth. It's measured by the ability to keep moving forward when life becomes unimaginably difficult.
Some stars shine brightly for a moment.
Kathleen Turner's legacy shines because she refused to stop fighting.
Se iba a llamar Carla.
Eso reveló Dolly Parton en 2014, hablando de la hija que ella y Carl Dean imaginaron tener cuando eran jóvenes y recién casados. Se habían casado el 30 de mayo de 1966, dos años después de conocerse a las puertas de una lavandería en Nashville, cuando ella tenía 18. Como cualquier pareja joven, hablaron de cómo serían sus hijos. Llegaron incluso a ponerles nombre. Pero esos hijos nunca llegaron.
Durante años, Dolly convivió con endometriosis, una enfermedad que provoca dolor intenso y puede afectar a la fertilidad. A comienzos de los años ochenta, sus problemas de salud empeoraron hasta obligarla a someterse a una histerectomía parcial, todavía en la treintena. Con esa operación desapareció, de manera definitiva, la posibilidad de llevar un embarazo. Dolly habló después, abiertamente, de una depresión profunda en aquella etapa: había construido una carrera extraordinaria, y al mismo tiempo tuvo que aceptar que una parte entera de la vida que había imaginado junto a Carl no iba a ocurrir nunca.
Carl se quedó. Era el hombre con el que se había casado antes de convertirse en una superestrella, y siguió siendo, durante casi sesenta años, la persona con menos interés del mundo en formar parte de esa fama. Sobre los actos públicos llegó a decir, sin rodeos: "No me vuelvas a pedir que vaya a una de estas malditas cosas, porque no pienso ir". Y no fue.
Con el tiempo, Dolly empezó a mirar la ausencia de hijos propios de otra manera. Tenía once hermanos y una familia enorme, y sobrinos y sobrinas que crecieron llamándola "Aunt Granny", mientras a Carl lo llamaban "Uncle PeePaw". Ella y él ayudaban con coches cuando alguien se graduaba, con estudios universitarios, con lo que hiciera falta. Pero esa relación con la infancia terminó desbordando por completo el círculo familiar.
Su padre, Robert Lee Parton, nunca había aprendido a leer ni a escribir bien. Dolly decía que era uno de los hombres más inteligentes que había conocido, pero sabía también que aquella carencia le había avergonzado toda la vida. En 1995 hizo algo con eso: creó la Imagination Library. La idea era sencilla, un libro gratuito al mes, por correo, para cada niño inscrito, desde que nacía hasta que cumplía cinco años, sin que importaran los ingresos de sus padres. Empezó en su condado natal de Tennessee. Después cruzó el estado, después el país, y más tarde llegó a Canadá, Reino Unido, Australia e Irlanda. Hoy, la organización ha repartido más de 332 millones de libros.
En 2020, Dolly explicó por qué había terminado entendiendo su propia historia de esa manera: había llegado a creer que Dios no había querido que tuviera hijos "para que los hijos de todos pudieran ser míos". También reconocía algo más complicado, y es que ella y Carl hablaron, con los años, de cómo habría cambiado su vida si hubieran sido padres. Dolly pensaba que probablemente habría reducido su carrera para quedarse cerca de ellos. Nunca llegó a saber qué clase de madre habría sido.
Carl murió en marzo de 2025, a los 82 años, tras 59 años de matrimonio. Dolly murió el 25 de agosto de 2026. Nunca tuvieron a la niña que iban a llamar Carla. Pero cuando ella murió, había millones de personas en cinco países que habían recibido, de bebés, un paquete con un libro dentro y su nombre escrito encima, enviado por una organización que empezó pensando en un hombre que nunca pudo leérselo a nadie.