—una pequeña risa escapó de sus labios, antes de soplarle en la cara desde su altura.— No seas tarada, ¿qué tiene de divertido ahorrarse problemas? No experimentarías lo genial que es buscar soluciones.
—Tu vida sería una miseria sin mi en ella, Luciano —replicó casi al instante, observándolo como podía desde su posición—. Pero sí, sería agradable no existir, me ahorraría muchos problemas.