Comprar un colchón con garantía de veinte años y no preguntar quién la va a reclamar. Firmar un crédito a treinta, un contrato a doce meses, un plan de datos a dos y un plan de vida a ninguno. Escoger un sillón que va a durar más que las rodillas que lo escogen. Pagar por lo que se va a quedar. Pago.
Me atiende un ejecutivo con la voz de la letra chica: financie su presencia en cómodas mensualidades, cubra sus necesidades, invierta en eternidades, aproveche, la vida no espera pero el crédito sí, su deuda le sobrevivirá, aplican restricciones, garantía de por vida, dice, y no aclara de la vida de quién. Saquen la cuenta: una botella de plástico, cuatrocientos cincuenta años; una bolsa del súper, cien; un chicle en la banqueta, cinco; una lápida de granito, mil, mil quinientos si nadie la toca; un edificio de concreto, cien, doscientos con grietas y todo; una foto en la nube, para siempre o hasta que alguien deje de pagar; un cuerpo, ochenta, si le va bien, si no se le atraviesa nada, si el corazón no se aburre antes. Hicimos todo más largo que nosotros: el plástico, el cemento, la deuda, la contraseña, el rencor. Hasta el silencio de después de una pelea dura más que la pelea. Hasta la cicatriz dura más que la herida.
Producto perecedero, mortal, finito, provisional, así me clasifican, consumir preferentemente antes de, y la fecha en blanco. Y en la piedra, el resumen: nombre completo, fecha de nacimiento y, pegada a la fecha, esa raya, ese guion, el signo más corto del teclado, y del otro lado otra fecha que todavía no existe pero ya tiene lugar. Eso somos. No la piedra, no las fechas: el guion. Lo más corto del renglón. Lo que se escribe sin levantar el lápiz. Y con todo, construimos: pirámides para faraones que duraron cuarenta años, catedrales de trescientos para creyentes de setenta, torres de acero para gente de carne, bóvedas para guardar oro que no come, museos para que los cuadros no envejezcan mientras el que los mira sí. Nos pasamos la vida fabricando eternidades ajenas, y a la nuestra, la única corta, le decimos espérate, ahorita, cuando termine, cuando me jubile, cuando se acomoden las cosas. Como si las cosas tuvieran prisa. Las cosas no tienen prisa. Las cosas se quedan.
Se queda el vaso en el fregadero. Se queda la casa con las luces prendidas, se queda el sillón con la forma de la espalda, el número guardado en el teléfono con nombre y apellido, el olor en la almohada, la ropa en la silla, la contraseña, la playlist, la deuda, el saldo a favor. Se quedan los que no nos quisieron y los que no supimos querer. Se queda todo. Todo se queda menos nosotros.
Y tú, que me pides paciencia como si tuviéramos siglos, que me dices ya hablaremos, ya se me pasará, ya habrá tiempo. No hay. Nunca hubo. El enojo dura más que nosotros, no lo alimentes, que ese sobrevive solo. No me guardes para después, que no soy de los que aguantan en el refrigerador. Bésame ahora que soy breve. Mírame ahora que todavía tengo fecha de un solo lado.
Lo breve no se guarda, se gasta. Lo breve no se ahorra, se derrama. Lo breve no se pospone, no se financia, no se pone en lista de espera. Lo breve se dice en voz alta, se abraza con los dos brazos, se llora en público y se ríe a deshoras. Lo breve es lo único que sabe que existe. La piedra no se despide. El plástico no pide perdón. El concreto no se acuerda de nadie. Nosotros sí. Por eso duele. Por eso vale.
No somos eternos. Menos mal. Lo eterno no se entera de nada. Ser breve no es una condena, es la única prueba de que estuvimos. Lo único breve en esta vida somos nosotros. ¿Y lo eterno? Para eso, ya habrá tiempo.
#danielhabif
Mi vecino de al lado dejó a su esposa tras 25 años de matrimonio para «encontrarse a sí mismo».
Se mudó a un loft con una instructora de yoga de 24 años que conoció en un retiro.
La exesposa no le hizo un drama. Solo le dijo: «Suerte con tu nuevo viaje».
Lo que pasó después en el vecindario fue cine puro.
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Esta canción sobre la aventura de la vida está llena de metáforas. La vida es una apuesta y el secreto para ganar es tomar la decisión correcta con las cartas que te reparten: con lo que la vida te ofrece. Porque al fin y al cabo lo que importa no son las cartas que tienes en la mano sino cómo las juegas.
La gente debe saber aprovechar las oportunidades e incluso los desastres. Todas las manos tienen las mismas posibilidades de ganar o perder, todo depende de cómo las juegues. No importa en qué oportunidades naciste o qué tengas en la vida, simplemente juega bien tus cartas.
- Kenny Rogers.
@yashar@Valerie1738 He was so handsome before he started messing with his face instead of aging gracefully.
I still think they were more than “friends”. #Chemistry
@yashar i will never forget seeing kenny rogers at the cheesecake factory. my 12 yr old niece burst into tears because her mama wasn't there and was having chemotherapy at the hospital. she wept "my mama loves kenny rogers"
@yashar In all the years that I have been on social media and especially Twitter X I have never seen 100% of positive tweets from all the walks of life posted about anyone but Dolly Parton. I just wish my social media was more like what I have seen today.
The way Kenny Rogers’ whole face lights up the moment he hears Dolly Parton’s voice coming from offstage.
I have always loved this performance so much.