“Qué poco hablamos de la gente que tuvo que madurar antes de tiempo.
Los que aprendieron a resolver mientras otros todavía podían equivocarse tranquilos.
Por eso algunos adultos parecen tan fuertes... No siempre fue fortaleza; a veces simplemente nunca tuvieron a quién entregarle el peso.”
— Sr. Polanco
“Me pasé tantos años diciendo ‘cuando esté mejor voy a disfrutar’…
que un día entendí que la vida nunca me iba a avisar cuándo era ese momento.
Mientras esperaba que todo estuviera bien, había días buenos pasando frente a mí y yo ni siquiera los estaba mirando.”
— Sr. Polanco
Durante mucho tiempo pensé que ser buena persona era decirle que sí a todo el mundo.
Hasta que entendí que muchos de mis “sí” no nacían del amor… nacían del miedo.
Miedo a que se fueran. Miedo a caer mal.
Miedo a que dejaran de necesitarme.
Y por intentar no perder a nadie, terminé perdiéndome yo.
Hoy aprendí algo que me costó años entender:
si para que alguien se quede tengo que abandonarme, entonces que se vaya.
A veces, sobrevivir también cansa.
Hay días en que no quieres morir,
solo quieres que deje de doler.
Que se calle la cabeza.
Que la vida pese menos.
Pero si tu mente te pide desaparecer,
no le creas. Es una noche difícil,
no el final de tu historia.
Habla. Pide ayuda. Quédate.
— Sr. Polanco
Perdimos personas que todavía queríamos,
no porque faltara amor, sino porque sobró orgullo, faltaron palabras y nadie quiso reparar la primera grieta.
Y no hablo de paredes.
— Sr. Polanco
A VECES, SOBREVIVIR TAMBIÉN CANSA.
Hay días en los que uno no quiere morir,
solo quiere dejar de sentirse así.
Que se calle la cabeza. Que descanse el pecho. Que por una maldita vez la vida no pese tanto. Y lo más triste es que muchos aprendimos a sonreír mientras por dentro pedimos auxilio.
Por eso, si algún día tu mente te convence
de que desaparecer es la única salida…
no le creas, solo es tu peor noche.
Habla. Pide ayuda. Quédate.
Porque quizás mañana no tengas la vida resuelta… pero agradecerás no haber terminado tu historia en el capítulo que más te dolía, pero el comienzo de tu bella historia.
— Sr. Polanco
A veces el que más sonríe
es el que más cansado está de pelear consigo mismo.
Así que antes de juzgar su silencio,
pregúntale si está bien. Y si eres tú quien está perdiendo la batalla:
no te rindas hoy. Pide ayuda. Quédate.
— Sr. Polanco
Me fui de mi país buscando una vida mejor… y la encontré. Lo que nadie me dijo es que mientras yo construía mi futuro, mis padres envejecían, los niños crecían y algunos abrazos se convertían en recuerdos.
Emigrar me enseñó que puedes recuperar el dinero,volver a tu país y hasta caminar por la misma calle… pero hay algo que ningún éxito puede comprarte de regreso:
el tiempo que pagaste para conseguirlo.
— Sr. Polanco
Nos preocupamos tanto por la vida que todavía no tenemos,
que olvidamos abrazar la que ya está sucediendo…
y un día, lo que hoy llamamos rutina
será exactamente eso que daríamos todo por volver a vivir.
— Sr. Polanco
Conseguí muchas cosas que un día soñé,
pero nadie me dijo cuánto perdería para llegar.
Perdí personas, momentos… y por un tiempo, hasta me perdí a mí. Hoy tengo cosas que antes le pedía a Dios, pero cambiaría algunas por cinco minutos con quienes ya no están.
A veces cumples tus sueños…
y descubres que el precio también eras tú.
— Sr. Polanco
Hay noches en las que tengo el teléfono lleno de contactos… y no encuentro a quién llamar.
No porque esté solo, sino porque me cansé de explicar lo que siento y terminar sintiéndome una carga.
Así que aprendí algo peligroso:
a estar para todo el mundo y desaparecer cuando el que necesita a alguien soy yo.
— Sr. Polanco
Perdoné a todos… menos a mí.
Me culpé por confiar, por quedarme donde me lastimaban y por no irme cuando comenzaron a romperme.
Hasta que entendí algo que dolió más:
No siempre fueron ellos quienes me abandonaron. A veces fui yo… cada vez que me perdí a mí mismo intentando que alguien más decidiera quedarse.
— Sr. Polanco
Perdoné tantas veces a personas que me lastimaron… que un día frente al espejo entendí que la única persona a la que nunca había perdonado era a mí.
Me castigaba por haber confiado,
por haberme quedado donde no me querían y por no haberme ido cuando comenzaron a romperme.
Hasta que entendí algo: no fueron ellos quienes más veces me abandonaron…
fui yo, cada vez que me quedé donde tenía que perderme para que alguien más decidiera quedarse.
— Sr. Polanc
Conseguí muchas de las cosas que un día soñé, pero nadie me advirtió cuánto iba a perder en el camino.
Perdí personas que pensé que llegarían conmigo. Perdí momentos que el dinero nunca podrá devolverme. Y tratando de construir la vida que quería, hubo días en los que también me perdí a mí.
Hoy tengo cosas que antes pedía de rodillas… pero daría algunas de ellas
por volver a vivir ciertos momentos con personas que ya no están.
A veces cumplir un sueño también duele,
porque nadie te cuenta lo que cuesta llegar.
— Sr. Polanco
Una de las cosas que más me duele de crecer es entender que muchas despedidas no parecían despedidas.
Fue un “nos vemos mañana”,
un abrazo rápido,
una llamada que no contesté,
una visita que dejé para después…
Y después nunca llegó. Con los años entendí algo que me rompe:
hay personas que ya vivieron su última vez con nosotros… y nosotros ni siquiera sabíamos que debíamos despedirnos.