A esta altura ya no entiendo bien para qué tengo instagram porque entro, miro cinco historias, pienso: por dios qué carajo me importa la mierda que subís y vuelvo a entrar a twitter
salgo del final con una mala onda y una vieja despatarrada se me quiere colar en la fila de la cantina, hágase para allá doña que le clavo el panóptico de Foucault en el ojete