Llega un momento en el que por alguna razón tu organismo un día te dice no quiero consumir alcohol nunca más pero jamás pensé que me iba a pasar a los 25 años.
No doy más de la desesperanza que me da leer cosas tan particularmente tontas. Ni siquiera con maldad, sino con incapacidad cognitiva de hacer una lectura un poco más profunda sobre las cosas.