El que motila a cambio de mercados para donar, el que regala galletas a pesar de tener su panadería destruida, el ferretero que regala su mercancía a los rescatistas, los que se tienen que devolver porque hay demasiada gente donando sangre, los futbolistas moviendo escombros.
No fueron desplazados de sus tierras, no enviaron a sus hijos a la guerra, no les expropiaron sus bienes. Viajaron, comieron y bebieron. Para ellos la «horrible noche» fue que el pobre tuviera un poco más de pan en la mesa.