Eso no es independencia. Es duelo.
Y juro que sentí que algo dentro de mí se rompía.
Porque es duelo, ¿no?
Duelo por cada vez que pediste ayuda y nadie apareció.
Duelo por ser la niña que tuvo que aguantar todo mientras todos los demás se desmoronaban.
Duelo por darte cuenta, demasiado joven, de que nadie vendría a salvarte.