Caminar sin podcast. Comer sin teléfono. Esperar el café sin scrollear. Ahí es donde aparecen las únicas ideas que después vas a reconocer como tuyas. Aburrirse a propósito es de los actos creativos más raros que quedan.
El problema de esta generación, ya lo dijo Fisher, es creer que todo tiene que ser entretención. Y no, la mayoría de las cosas importantes a aprender en la vida son tediosas, uniformes y carecen de glamur o espectacularidad
pensando en cómo Madonna nos dio una de las canciones de baile más grandes del siglo XXI a los 47 años y bailó en el video de ella con ocho huesos rotos después de caerse de un caballo unas semanas antes
Amo a la gente elegante. Que cuida la pregunta, estudia la respuesta, que pide permiso para abrir la puerta, que avanza con calma y respeta el latido. A esa gente la quiero conmigo.
Es notable cuando amamos porque somos cuidadosos. Con los dichos, con los ojos, con el tacto. El amor nos vuelve atentos: amamos con cuidado, indagamos con cuidado, sobre los temas sí, pero también sobre el cuerpo amado. Amar es eso: pedir permiso para entrar.
¿Sientes que estás solo?
¿Tienes un alma gemela?
Alguien que te rete. Estoy hablando de alguien que te hace ver las cosas, que toque tu alma.
No sé lo puedes devolver, tú sabes.
Puedes hacer todo lo que quieras, estás atado por el amor.