¿De La Espriella Fascista?
Por: Santiago Vélez Posada
En Colombia se volvió costumbre llamar fascista a todo lo que le incomoda a cierto sector de la izquierda. Abelardo de la Espriella es fascista. La seguridad es fascismo. La patria es fascismo. La familia es fascismo. La misa es fascismo. El orden es fascismo. Y si alguien niega ser fascista, entonces esa es la prueba de que es fascista.
La palabra dejó de funcionar como una categoría histórica y se convirtió en un arma política. Ya no sirve para describir un fenómeno concreto, sino para hundir al adversario, fabricar un enemigo y, de paso, darse importancia frente a él. Si el otro es fascista, quien lo denuncia ya no es un opinador más. Es un héroe de la resistencia que ya no discute con un candidato de derecha, sino que lucha contra el nuevo Mussolini.
Por eso conviene tomarse la palabra en serio. Fascismo no significa “derecha que me cae mal”. Tampoco equivale a una estética patriótica, una agenda conservadora, un discurso religioso o una política dura de seguridad. Todo eso puede ser criticable, pero fascismo es otra cosa.
El fascismo supone partido único, culto total al Estado, anulación del pluralismo, destrucción de contrapesos, movilización política violenta y desprecio por la democracia liberal. Mussolini lo resumió con una claridad brutal: “Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada contra el Estado”. No hablaba de estilo, sino de ambición totalitaria.
Por eso la acusación contra de la Espriella es tan floja. Se le puede criticar mucho, pues su estilo es duro, teatral y provocador. Sus frases irritan y sus promesas deben examinarse con lupa. Pero no propone abolir las elecciones, cerrar el Congreso, prohibir partidos, instaurar un partido único ni convertir al Estado en dueño absoluto de la sociedad.
De hecho, buena parte de su discurso va en dirección contraria: propiedad privada, libre empresa, reducción del Estado y rechazo a una Constituyente. Se puede estar en desacuerdo con todo eso. Lo que no se puede es llamar totalitario a quien, al menos en esos puntos, propone limitar al Estado y preservar el marco constitucional.
Lo que ha construido cierta izquierda es un fascismo por collage. Ponen a Mussolini al lado de Abelardo, citan a Umberto Eco, mencionan a Dios, patria y familia, agregan a Bukele, Milei y Trump, y esperan que el lector confunda asociación con demostración. También armaron un escándalo con la frase “por la razón o por la fuerza”, como si fuera una clave secreta del Duce, cuando es literalmente el lema del escudo de Chile.
“Por la razón o por la fuerza” es la descripción de cualquier Estado funcional. Primero viene la razón: la ley, el procedimiento, la orden judicial, la sentencia. Pero si alguien se niega a cumplir, aparece la fuerza legítima del Estado. De lo contrario, no hay autoridad, sino anarquía.
La palabra fascismo se volvió cómoda porque evita pensar. Evita preguntarse por qué tanta gente quiere seguridad, por qué tienen miedo, por qué se cansaron del crimen, del desgobierno y de la superioridad moral de quienes los tratan como bárbaros por pensar distinto. Es más fácil decir “fachos” que escuchar al país real.
El abuso de esa palabra no protege la democracia, sino que la empobrece. Cuando todo es fascismo, nada es fascismo. Pero lo más grave de esta moda no es llamar fascista a un condideto sin pruebas, sino invitar a romper amistades y lazos familiares con quienes piensan votar por él. Primero se convierte al adversario en monstruo y luego a sus votantes en parias morales con los que hay que cortar.
Eso no es antifascismo sino sectarismo, y de la peor especie, porque se disfraza de virtud y pide, en nombre de la democracia, exactamente lo que el fascismo siempre quiso: que la política invada la casa, la mesa y la amistad, y que nadie quede a salvo de la sospecha.
Abelardo de la Espriella puede ser exagerado, incómodo, estridente, teatral y discutible. Pero fascista no es.
📣 La armonización con el Banco: el caballo de Troya del populismo
1️⃣ Ningún gobierno, y menos un candidato, empieza diciendo: “voy a imprimir plata para pagar deuda”. Para eso tendría que cambiar la Constitución, controlar totalmente el BanRep o pasar un acto legislativo.
2️⃣ El camino empieza hablando de “armonización”. Una palabra bonita para poner la política monetaria al mismo nivel del resto del programa de gobierno.
3️⃣ Pero la Constitución no dice que el Banco deba meter todas las variables económicas en una licuadora. Dice que debe coordinar la política económica alrededor de un mandato central: proteger la capacidad adquisitiva de la moneda, es decir, controlar la inflación.
4️⃣ Así que el mensaje al Gobierno es diferente: son sus políticas fiscales, salariales y de gasto las que no pueden ir en contra de ese mandato.
5️⃣ La historia ya mostró cómo funciona. Todos comenzaron hablando de armonización, no de imprimir dinero.
Chávez hizo “armonización” para acceder a las reservas del Banco Central; los Kirchner la usaron para pasar una ley ordinaria que reinterpretó el objetivo del Banco; y Erdogan armonizó directamente al banco obligándolo a bajar tasas.
6️⃣ No le den muchas vueltas: esa interpretación de “armonización” es el caballo de Troya habitual para destruir la independencia del BanRep.
Ojo: no quieren acabar con el Banco. Quieren convertirlo en el arma nuclear de su política económica.
I. Cumplió
II. Convoco a Asamblea constituyente (No cumplió)
III. Corrupción desbordada (No cumplió)
IV. No creo programas de fomento empresarial (No cumplió)
V. Trata de fascistas a todos los que no piensen como él (No cumplió)
VI. Cumplió
VII. Mayor violencia y crecimiento de grupos armados (No cumplió)
VIII. Nepotismo, falsificación de estudios, personas sin experiencia, muy mal ahí (NO CUMPLIÓ)
IX. Todo un fracaso, machismo, comentarios misóginos. (No cumplió)
X. Continúo con la ruta que trae el país, nada nuevo (Cumplió a medias)
XI. Continúo con la ruta que trae el país, nada nuevo (Cumplió a medias)
XII. ¿Cuál consulta? (No cumplió)
@agaviriau Uno de mis episodios favoritos junto con el otro en el que dicen que no todo debe ser político. Es sano no saber quién es el ministro de salud 🙌🏼
@mateoamayaq@PizarroMariaJo Poquito a poquito van normalizando el uso de la palabra guerrilla como sinónimo de algo bueno, el uso de camisetas y demás con los logos del ELN. Poco a poco reescriben la historia
.@petrogustavo quiere vender como propios logros que no inventó: la universidad #gratuita venía del gobierno #Duque y el subsidio al adulto mayor existe desde 1993. Prometió $500.000 para los adultos mayores y no cumplió; prometió más cupos universitarios y tampoco cumplió.
Mientras tanto, el #salario mínimo se lo tragó la #inflación, la canasta familiar y un sistema de salud destruido que hoy obliga a miles de colombianos a comprar de su bolsillo los medicamentos que antes recibían. Mucho discurso social, pero en la vida real la gente está pagando más y viviendo peor.
@HIGUERAQ Saldrían muchas columnas de opinión, entrevistas, noticias de última hora, estudios, académicos indignados, fascismo por todas partes, denuncias, y hasta estallido social.
Jota Pe Hernández mostró los vínculos de la familia del candidato presidencial Iván Cepeda con la guerrilla durante la plenaria del Senado. https://t.co/if1kX8q65f
¡Un acuerdo nacional! 💪🏾🌈👯♀️🪽
No estamos tan divididos como nos hacen creer. ¡Podemos construir juntas! (Y juntos). ¡Felicitaciones a todas las promotoras de una causa más que fundamental: la prohibición de la ablación femenina!