Comunicólogo con maestría en Dirección y Administración de Empresas, especialista en Marketing Digital. Apasionado por la docencia, el arte y la política.
Alcalde @jluriosteguis nuevamente tenemos problemas con #Sapac, 8 días sin agua en Jiquilpan por "falla eléctrica". Cientos de familias afectadas. Nos ayuda, por favor?
A los 40 años, Franz Kafka (1883-1924)
que nunca se casó ni tuvo hijos, paseaba por un parque de Berlín cuando se encontró con una niña que lloraba porque había perdido su muñeca favorita.
Juntos buscaron la muñeca, pero sin éxito. Kafka le dijo que se vieran allí al día siguiente y que volverían a buscarla.
Al día siguiente, cuando aún no habían encontrado la muñeca, Kafka le dio a la niña una carta "escrita" por la muñeca que decía: "Por favor, no llores. Hice un viaje para ver el mundo. Te escribiré sobre mis aventuras".
Así comenzó una historia que continuó hasta el final de la vida de Kafka.
Durante sus encuentros, Kafka leía atentamente las cartas de la muñeca, escritas con aventuras y conversaciones que a la niña le parecían adorables.
Finalmente, Kafka devolvió la muñeca (la había comprado). «No se parece en nada a mi muñeca», dijo la niña.
Kafka le entregó otra carta en la que la muñeca escribía: "Mis viajes me han cambiado". La niña abrazó a la nueva muñeca y la llevó feliz a casa.
Un año después, Kafka murió. Muchos años más tarde, la niña, ya adulta, encontró una carta dentro de la muñeca. En la pequeña carta firmada por Kafka estaba escrito:
“Probablemente perderás todo lo que amas, pero al final, el amor regresará de otra manera.”
"Todos deberíamos disponer de alguien con quien poder hablar francamente. Por mucho valor que se tenga, uno se siente cada vez más solo".
Ernest Hemingway
“Todos nacemos felices. Por el camino se nos ensucia la vida, pero podemos limpiarla. La felicidad no es exuberante ni bulliciosa, como el placer o la alegría. Es silenciosa, tranquila, suave, es un estado interno de satisfacción que empieza por amarse a sí mismo.”
Isabel Allende
📷Annie Leibovitz
Hoy se celebra ser estudiante: no por las respuestas, sino por la terquedad de seguir buscando aunque haya cansancio.
Es aprender, equivocarse y volverlo a intentar.
Es irse construyendo sin darse cuenta, entre tareas, errores y logros.
Y entender que también se aprende a vivir.