Yo siempre voy a preferir juntarme con gente que falla pero que admiten sus errores e intentan ser mejores, que juntarme con con esos que fingen ser buena gente.
Nos han vendido tanto la idea de que hay una edad correcta para todo: el primer carro, la primera casa, el primer hijo… Estándares creados para presionarnos, ignorando que la vida no es una carrera, es una experiencia que solo tiene sentido cuando la vives a tu manera
La tercera (y última?) temporada de Euphoria hace que la serie pase de una crítica a la juventud estadounidense a una crítica a Estados Unidos en general.
Un país en el que es difícil encontrar bondad, en el que el veneno se filtra desde arriba para infectar a todos los que viven ahí ya sea con las drogas, la violencia, la falta de oportunidades, y la dura realidad de que la única forma de salir adelante es mediante la violencia, el crimen, o la explotación a otros y a ti mismo.
Lo vemos en Rue, que nunca pudo escapar de sus errores y acabo muriendo ni siquiera por su historia con el abuso de sustancias, sino por “medicina legal” infectada con fentanilo.
Lo vemos en Maddy, que intentó hacerlo “por el camino correcto” hasta que se volvió insostenible, o en Cassie que incluso tras la muerte de Nate y todo el abuso que sufrió sigue en la misma industria que la trata como un producto porque es el único camino viable que vislumbra.
Y lo vemos con Ali, quien logró salir de las sombras y bañarse en luz, pero que por fin llegó a su punto de quiebre tras enterrar a otra joven a quién nunca dejó de fallarle el sistema. Otra alma que intentó salvar con todas sus fuerzas, pero que al ser una sola persona contra tantos factores externos no lo pudo lograr.
Repito: no creo que sea perfecta, pero vaya que te hace pensar y vaya que hace añicos la fantasía del obsoleto “sueño americano”.
Se sabia, al final Rue murió, soñando que volvía a casa, que Fezco escapaba y debía ir a por el, recuerda toda su vida, incluso abrazando a padre. Ella merecía vivir, crecer y tener su familia como tanto lo deseaba #Euphoria