“Todos somos hijos ante los ojos justos del Señor.” No por nada su tío es uno de aquellos que visten de negro y llaman «Padre», solo que él tiene la posibilidad de decirle «pa» y «tito» a la vez. Inclina la cabeza hacia su derecha, saboreando las reacciones ingenuas y
El pequeño inmigrante se queda boquiabierto ante tal reacción; ¡por favor, él es católico! Casi ortodoxo, casi. Hasta de la impresión, se le cae la nugget mordida de los dedos en la cajita.
“¿Yo–? ¿Yo soy <el drragón>?” Que le disculpe la risa tan perlada en sus facciones,
Una bolsa con una M amarilla se ve enorme en las manos del joven, que se mueve a pasos cargados de prisa y ansiedad hacia donde las luces son más tenues. Abre la bolsa, desesperado, un Happy Meal y es... ¡El juguete que menos quería! Unas tontas gafas de Maléfica que
En los muelles portuarios, barcos ya están lejanos dejando una soledad infame merodeando por los rincones. Allí, él se sienta balanceando sus piernas con su tableta entre las manos.
Probablemente jugando algún fenómeno popular, véase Genshin Impact.
Qué palabras más foráneas, piensa él. La melena blanqueada por un claro invernal acaba levantándose para echarle un vistazo, una ceja se levanta antes de esconder la cabeza otra vez.
“Es el método de «rrrobo» más «pobrrre» que he oído en mi vida... Una tablet, eso es.”
Roman jamás ha sido una criatura conectada con lo espiritual si el catolicismo practicante sin devoción puede descontar puntos pero, con una tablet apoyada en el suelo anda jugando contra su suerte y luchando contra un salero de acero oxidado en un mano a mano que no finaliza.