Extraño estar acostada junto a ti, con el cuarto heladísimo y tapadas con un cobertor, diciéndote que no dejaras de hablar, que yo cerraría los ojos pero que te escuchaba, y cuando menos me lo esperaba, me quedaba dormida.
Hoy, y desde hace meses ya, sigo extrañandote, tu voz.
Esa noche nos la pasamos riendo mucho porque el chavo que se andaba ligando a Viri estaba bien tonto y fingía su voz. Desde ese día le comencé a llamar Muñekota en modo de burla, y cada que le decía así me mandaba a la chingada. Te amo.