Las horas de videojuegos no son el problema; la adicción sí lo es
Un estudio con más de 3.800 adolescentes austriacos (de 12 a 16 años) llegó a una conclusión interesante: jugar muchas horas de videojuegos no daña el desarrollo cognitivo de los jóvenes. De hecho, cuando se elimina el factor de la adicción, las horas de juego se asocian con mejores habilidades en varias áreas.
La clave está en distinguir claramente entre dos cosas que suelen confundirse. Jugar mucho tiempo significa simplemente dedicar varias horas al día a los videojuegos de forma controlada y enfocada. En cambio, la adicción (o trastorno de juego en internet) se mide con un cuestionario que evalúa síntomas como pérdida de control, irritabilidad al quitar el juego, seguir jugando a pesar de problemas en el colegio o las relaciones, y usar los videojuegos para escapar de emociones negativas.
Los resultados muestran que estos dos factores tienen efectos opuestos. La adicción está consistentemente ligada a peor rendimiento en razonamiento lógico, memoria a largo plazo, habilidades visuoespaciales, y mayor cantidad de errores bajo presión. Por el contrario, cuando se controla estadísticamente la adicción, las horas de juego altas se relacionan con mejores puntuaciones en razonamiento lógico, memoria a largo plazo y especialmente en capacidad visuoespacial (la habilidad para rotar y manipular objetos mentalmente).
Además, ciertos géneros potencian estos beneficios: los juegos de estrategia, rol y construcción (como Minecraft, The Sims o Animal Crossing) mostraron asociaciones positivas con habilidades verbales y espaciales. En cambio, los shooters y juegos competitivos como Fortnite estuvieron más vinculados a adicción y peores resultados.
En definitiva, el problema no es el tiempo que se pasa jugando, sino cuando ese juego se vuelve compulsivo y fuera de control. Un adolescente que juega muchas horas con foco y control puede obtener beneficios cognitivos, mientras que uno que “no puede parar” aunque le perjudique en la vida real sí muestra daños. El estudio subraya que las investigaciones anteriores daban resultados confusos precisamente porque mezclaban estas dos realidades.
Leído. Me ha encantado.
Chesterton empieza el libro hablando de un navegante que zarpa de Inglaterra y que, tras un largo viaje y después de equivocarse de rumbo, acaba desembarcando en Inglaterra creyendo que está descubriendo alguna remota isla de los Mares del Sur.
Esa tierra, claro, es el cristianismo.
Ortodoxia no es un tratado teológico. Es un torrente de paradojas y de finísimas intuiciones intelectuales (que nadie espere un ensayo sistemático, el libro es un torrente de pensamiento hilvanado como Dios le dio a entender al autor) con las que Chesterton explica cómo, después de vagar por todas las religiones materialistas (el ateísmo, el escepticismo, el agnosticismo), acabó descubriendo que el cristianismo es la respuesta más razonable, emocionante y aventurera a la existencia.
El eje del libro es el capítulo en el que habla de la paradoja cristiana. Chesterton no se refiere a contradicciones lógicas absurdas, sino a tensiones aparentes que el cristianismo mantiene unidas de forma creativa y viva.
Para Chesterton, esas paradojas no son un problema del cristianismo: son la prueba de que está tocando la realidad.
Chesterton dice que del cristianismo se critica una cosa y su contraria.
Por ejemplo. Algunos dicen que “el cristianismo es demasiado pesimista” (porque habla del pecado original, del infierno, de la cruz, de la caída del hombre). Pero otros dicen que “es demasiado optimista” (porque promete el cielo, la resurrección, el perdón total, la victoria final del bien).
Unos dicen que “es demasiado guerrero” (por las cruzadas, las guerras justas, el “no he venido a traer paz sino espada”). Y otros dicen que “es demasiado blando y pacifista” (poner la otra mejilla, amar a los enemigos, “los mansos heredarán la tierra”).
Es demasiado duro con el sexo y está demasiado obsesionado con el matrimonio y la familia. Degrada al cuerpo, pero celebra la Encarnación y la Resurrección del cuerpo. Es demasiado simple para los intelectuales y demasiado complicado y dogmático para la gente llana. Es una religión de débiles, pero ha producido algunos de los mártires más valientes de la historia.
Y dice Chesterton que si te atacan por una cosa y su contraria, por fuerza debes de estar en el centro.
Pero, y esto es lo importante, el centro de Chesterton, no es un centro centrado fofisano a la liberal manera. Es el paganismo, no el cristianismo, el que busca la moderación y el que dice que la virtud está en el término medio.
El cristianismo, en cambio, busca la tensión entre dos pasiones extremas que parecen contradictorias, pero que se necesitan mutuamente.
Chesterton dice “el cristianismo resolvió la dificultad de combinar opuestos furiosos manteniéndolos a ambos, y manteniéndolos furiosos".
Así que el cristianismo no diluye las tensiones. Las exacerba y las mantiene vivas, "furiosas". Es ese choque el que produce una realidad que merece ser vivida y que produce un equilibrio sano.
Y por eso el cristianismo parece contradictorio: porque la vida real también lo es.
Me ha gustado también su crítica del racionalismo. Según Chesterton, el loco no es "el hombre que ha perdido su razón. El loco es el hombre que ha perdido todo excepto la razón”.
Es decir: el loco tiene una racionalidad perfecta, pero dentro de un mundo muy pequeño y cerrado.
La lógica del racionalista es impecable, pero está encerrada en una jaula diminuta.
Chesterton dice que los racionalistas y los materialistas modernos se comportan exactamente como locos, porque reducen toda la realidad a lo que cabe dentro de su sistema lógico.
Niegan el libre albedrío porque “todo es causa y efecto”.
Niegan los milagros porque “violan las leyes de la naturaleza”.
Niegan el sentido trascendente de la vida porque “no se puede medir ni probar científicamente”.
Y escribe "la imaginación no produce locura. Exactamente lo que produce locura es la razón. Los poetas no se vuelven locos; pero los jugadores de ajedrez sí. Los matemáticos se vuelven locos, y los cajeros; pero los artistas creativos muy raramente".
¿Por qué?
Porque la cordura sana necesita algo más que pura razón.
Necesita:
Imaginación (para ver posibilidades más allá de lo evidente).
Humildad (para reconocer que hay cosas que no entendemos).
Sentido del misterio (para aceptar que la realidad es más grande que nuestra mente).
Capacidad de sostener paradojas (justicia y misericordia, fe y razón).
Y por eso Chesterton defiende que el cristianismo es más racional que el racionalismo puro: porque acepta las paradojas de la vida en vez de mutilar la realidad para que quepa en un esquema lógico estrecho.
Me ha sorprendido la alegría (y la modernidad) del libro. Chesterton dice por ejemplo "los ángeles vuelan porque se toman a la ligera, y Satán cayó por la fuerza de la gravedad". Eso le sirve para defender una fe alegre y optimista incluso frente a la adversidad: Chesterton defiende "el optimismo irracional", y desprecia tanto a los pesimistas racionalistas como a los optimistas que no ven la caída del hombre. En cierta manera, Chesterton defiende un sano quijotismo.
Es un libro cristiano, pero no evangelizador, el lenguaje no es teológico, sino vivencial y juguetón. Victoriano, pero paradójicamente contemporáneo.
En algunos puntos, es incluso premonitorio, como cuando habla del suicidio, de por qué el suicidio es el mayor pecado que puede cometer un hombre, y de cómo el futuro nos traerá "máquinas que te maten por un penique".
Yo este libro se lo regalaría, sobre todo, a ateos no dogmáticos. O sea, a aquellos cuya razón no les haya vuelto locos todavía.
Nadie fabricó la pobreza.
Durante 200 mil años de existencia humana, la condición universal fue la miseria absoluta.
Sin excepciones.
Cada generación nacía, sobrevivía lo que podía y moría joven, hambrienta y expuesta a los elementos.
Eso no fue culpa de ningún sistema económico, no había sistema económico.
La pobreza no se crea, y np se puede crear, es el punto de partida.
Lo que necesita explicación es exactamente lo contrario.
Cómo algunos dejaron de ser pobres.
Esa es la pregunta que la clase política no quiere que hagas, porque la respuesta la deja sin trabajo.
Todo el discurso redistributivo arranca de una premisa invertida.
Asume que la riqueza es el estado natural y que alguien la está robando.
Que si hay pobres es porque alguien les sacó algo, pero no podés sacarle algo a quien nunca lo tuvo.
Lo que sacó a la humanidad de la miseria no fue un plan, ni un decreto, ni fue un comité de politicos decidiendo quién recibe qué.
Fue algo mucho más simple y mucho más difícil de aceptar.
Fue gente ahorrando. Acumulando capital. Produciendo más de lo que consumía. Invirtiendo el excedente en herramientas, en máquinas, en procesos que multiplicaron lo que un solo par de manos podía hacer.
Eso solo ocurre bajo una condición: Que nadie te saque lo que producís.
Propiedad privada.
Sin eso no hay ahorro posible, porque cualquier excedente se lo lleva el más fuerte.
Y sin ahorro no hay capital, y sin capital no hay productividad.
Y sin productividad estás exactamente donde la humanidad estuvo durante 199 mil de sus 200 mil años de historia.
Antes de 1800 el ingreso promedio real de un ser humano era practicamente indistinguible del de subsistencia.
Lo que cambió no fue la inteligencia humana ni la disponibilidad de recursos naturales.
Lo que cambió fue el marco institucional, donde se respetó la propiedad y se limitó la confiscación, la riqueza apareció.
Donde no, la miseria siguió intacta.
No es tan complicado de entender.
El político necesita que creas que la pobreza tiene culpables, porque si los tiene, él se ofrece como salvador.
Su carrera entera depende de esa inversión causal.
Te convence de que la riqueza es un pastel fijo que alguien cortó mal, y que él va a cortar mejor.
Pero la riqueza no es un pastel fijo.
Se crea.
Y se crea únicamente cuando dejás a la gente producir, ahorrar e intercambiar sin que un tercero se quede con la mitad en el camino.
A menudo me lo preguntan en las conferencias, o me lo dejan en los comentarios: “¿Y si el gran empresario Pepe Pérez se presentara, no sería la solución a los problemas de España?”
No. Por dos motivos, uno más serio y otro menos.
Empecemos por lo serio. El problema de España (o de la mayoría de las democracias occidentales) no es que “no sepamos qué hacer” o que falte capacidad de gestión. Los problemas económicos de España están sobrediagnosticados desde hace décadas, y cualquier persona sensata los entiende. Yo no sé hoy más de la economía española y de sus problemas que cuando estaba en tercero de la licenciatura, sencillamente porque no hace falta saber más. Y tenemos suficientes TECOs y abogados del Estado para llevar la gestión diaria de las administraciones públicas sin mayor problema (por mucho que yo haya sugerido mejoras en su sistema de selección).
El problema es que no hay apoyo electoral para impulsar las reformas. Cualquiera que quiera reformar el sistema de seguridad social o el mercado de trabajo, sea Amancio Ortega o el Ratoncito Pérez, se enfrentará a una muralla sociológica inquebrantable, con esta ley electoral o con cualquier otra.
Mi análisis parte de las relaciones político-económicas objetivas de España. Los liderazgos son siempre un epifenómeno. Y centrarse en ellos como causa de los problemas es confundir el síntoma con la enfermedad. Pedro Sánchez o Núñez Feijóo existen porque la realidad demoscópica de España hace que ese tipo de líder sea el que el PSOE o el PP necesitan para llegar a la Moncloa.
El motivo menos serio es que las virtudes que te hacen un gran empresario no son las que te hacen un gran líder:
https://t.co/Nb75sztViD
El instinto político que tenía Adolfo Suárez, a quien nunca agradeceremos lo suficiente, no lo tiene ningún empresario.
Creer que el gran empresario Pepe Pérez resolvería algo es infantilismo en estado puro.
Por cierto, eso mismo se aplica a los académicos. Me he cansado de repetir que yo no tengo ninguna varita mágica. Ni un economista mil veces mejor que yo (¿Tom Sargent?) podría arreglar nada.
Volviendo a mi ejemplo anterior: intelectualmente, Adolfo Suárez era una mediocridad comparada con Manuel Fraga, que, como se decía entonces, realmente tenía el Estado en la cabeza. A Suárez le costaba incluso acabar libros de bachillerato. Fraga, a quien, por otra parte, respeto profundamente porque solo quería lo mejor para España, habría sido un presidente del Gobierno nefasto. Él mismo se dio cuenta cuando dejó el puesto a Aznar.
Lo que España necesita ahora es un Adolfo Suárez que sepa explotar las grietas del régimen para introducir las reformas posibles (que no son muchas).
Voy a pensar que el diputado de @sumar@nah_gon es tonto del culo -tan tonto como aparenta a simple vista- y que no sabe ni lo que pone ni lo que supone el cartel que sostiene con tanta alegría.
Porque, de lo contrario, tendría que pensar que está proponiendo la instauración en España de las “psikhushkas”, las siniestras "cárceles psiquiátricas" soviéticas en funcionamiento entre los cuarenta y los ochenta; asilos mentales punitivos gestionados por el KGB y utilizados para silenciar a los disidentes políticos, a los que encarcelaban de manera indefinida en base a diagnósticos ficticios como la "esquizofrenia lenta", y a los que aplicaban tratamientos horribles que incluian sobredosis forzadas de drogas y palizas. Naturalmente sin juicio previo ni control consecutivo.
“Institutos” como el Serbsky (en la foto) por el que pasaron intelectuales y artistas como los escritores Vladimir Bukovsky y Yuli Daniel o el matemático Alexander Esenin-Volpin
@pitiklinov ...son las costumbres de grupo. El fin del grupo es la cohesión y permanencia, y la mayor virtud es la lealtad. Creo que esta perspectiva (Spinoza, Gustavo Bueno) enriquecería el libro y salva cierto sabor a relativismo evolucionista.
@pitiklinov La ética no es el estudio de la moral. Un materialista ve la ética como el conjunto de normas orientadas a la preservación de los cuerpos, y por eso es universal. La virtud ética es la firmeza y la generosidad (un médico cura sin importar el "quién"). La moral (mos, moris)...
Yo puedo votar en las elecciones generales y autonómicas en España (pero no en las municipales). Esto no tiene mucho sentido: me mudé a Estados Unidos en 1996, apenas pago impuestos en España y recibo servicios mínimos. Que mi voto decida, por ejemplo, si se abre un nuevo instituto en Mieres o se sube el IRPF en el territorio común tiene una justificación democrática más bien débil.
A la vez, buena parte de mi familia vive en España; existe una probabilidad (baja) de que regrese en algún momento; tengo propiedades inmobiliarias en el territorio nacional; y, en comparación con otros votantes en el extranjero, conozco los detalles de muchas discusiones sobre política económica. No creo que haya muchos millones de votantes que se sepan las cuentas de la Seguridad Social mejor que yo. No es que entender estas discusiones me dé una legitimidad especial, sino que demuestra una vinculación efectiva con España.
Por ello sigo votando en las elecciones generales, aunque en las autonómicas, de carácter local más acentuado, he dejado de hacerlo. Y, cuando considere que la probabilidad de regresar a España haya caído por debajo de un mínimo, dejaré de votar también en las generales.
La discusión de la “ley de nietos” durante las últimas semanas en España ilustra, pues, un punto fundamental en toda democracia: ¿quién es el demos que puede decidir el futuro colectivo?
Una persona no residente en España, por mucho que sea hijo o nieto de españoles, pero sin una vinculación directa con la vida cotidiana del país (o una probabilidad razonable de recuperarla demostrada con pruebas fehacientes, no una simple declaración de intenciones), no es parte del demos. Puede ser una persona con la que sintamos cercanía afectiva y que tenga un vínculo legal con España más fuerte que el de otras personas. Pero no debe ser votante.
Las respuestas que leo en la prensa son decepcionantes. Muchos argumentan que, a fin de cuentas, estos nuevos votantes no influirán en los resultados de las elecciones. Quizás. En el pasado no lo han hecho. Pero este argumento tiene dos problemas. Primero, ahora que forman un grupo tan grande, los partidos tienen un incentivo muy distinto para movilizar a ese electorado. Segundo, y mucho más importante, ir regalando nacionalidades y derechos de voto sin la debida seriedad demuestra que en España nunca pensamos las cosas con cuidado. Da igual si son 100 o dos millones y da igual si tienen efecto o no sobre las elecciones. Es una cuestión de legitimidad.
Una y otra vez, en España, tomamos decisiones sin hacer números, movidos por el “buenismo” de quedar bien en el telediario de las nueve. Y no, no son los políticos. Estoy 100% seguro de que, de haberse realizado un referéndum sobre la “ley de nietos” (olvidándonos del resto de la Ley de Memoria Democrática), el sí habría ganado de manera abrumadora.
No nos tomamos nada en serio y somos frívolos.
Este artículo de El País dibuja una realidad en la que las mujeres están sistemáticamente discriminadas en el ámbito sanitario: sus síntomas se banalizan, los diagnósticos llegan tarde, se investigan menos sus dolencias específicas y la medicina sigue teniendo un sesgo androcéntrico que las perjudica.
Lo que no dice este artículo es todas estas cosas que enumero a continuación, documentadas por dos artículos, uno del investigador James L. Nuzzo y el otro de la propia OMS:
-Brecha global de salud por género: Los hombres tienen menor esperanza de vida (71 años frente a 76 en 2023) y tasas de mortalidad más altas (176 vs 113 por 1.000). Esta brecha se mantiene desde 1950 y es mayor en hombres marginados (por raza, orientación sexual, migración o clase social).
-Negligencia histórica: La salud de los hombres ha sido sistemáticamente ignorada por agencias internacionales, financiadores y políticas nacionales. Se percibe políticamente sensible porque se asocia con “privilegio masculino”, en lugar de ver a los hombres como grupo vulnerable que queda atrás.
-De las 15 principales causas de muerte, los hombres mueren más en 14 de ellas.
-A pesar de estos datos, existen al menos 3 oficinas nacionales federales dedicadas específicamente a la salud de la mujer (NIH-ORWH, CDC y FDA), mientras que no existe ninguna equivalente para la salud del hombre.
-En revistas científicas indexadas en MEDLINE hay 62 dedicadas a la salud de la mujer frente a solo 6 dedicadas a la salud del hombre.
-El término “women’s health” aparece casi 10 veces más que “men’s health” en la literatura científica (PubMed 1970-2018).
-Los hombres sufren tasas más altas de suicidio, accidentes laborales y de tráfico, homelessness y abuso de sustancias
-Problemas estructurales: Violencia (especialmente homicidios en hombres jóvenes), alcohol, armas de fuego y determinantes sociales (pobreza, migración, condiciones laborales) son factores clave. La brecha socioeconómica en esperanza de vida entre hombres puede llegar a 27 años en algunos países.
Recomendaciones que hace la OMS:
-Integrar la salud masculina en políticas de cobertura universal.
-Revisar lenguaje en objetivos globales (ODS) para que no confundan “género” solo con “mujeres”.
-Mayor ambición en cambios sistémicos (lobbies de alcohol y armas, determinantes sociales).
-Incluir a los hombres de forma no instrumental (no solo para proteger la salud de las mujeres).
Conclusión del artículo de la OMS: Es urgente abordar las inequidades de género que afectan a los hombres para cumplir el lema “no dejar a nadie atrás”. Ignorar la salud masculina no es equitativo ni eficaz.
https://t.co/1DUV9pfqvv
https://t.co/Dn0oOeD9xD
Estas declaraciones de la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, son un ejemplo de misandria y sexismo contra los hombres.
Llamar “especies radicalmente distintas” a hombres y mujeres, aparte de falso científicamente, es una forma de degradar al grupo masculino. Implica una idea de inferioridad, decir que hay que “ayudar a evolucionar” a los hombres implica que están en un escalón inferior al de las mujeres en lo social, emocional y moral. Es exactamente el mismo mecanismo que el sexismo tradicional contra las mujeres, pero invertido: “las mujeres somos más avanzadas, los hombres necesitan ser corregidos y mejorados”.
Son claramente un ejemplo de prejuicio basado en el sexo. Atribuye características negativas generales a todos los hombres (emocionalmente inmaduros, anclados en privilegios, negadores de sentimientos y debilidad). No habla de comportamientos individuales, sino del “género masculino” como un colectivo defectuoso.
Por otro lado, implican un doble rasero evidente: Si un político dijera que las mujeres son una especie distinta y hay que ayudarlas a evolucionar (porque están ancladas en estereotipos emocionales, victimismo, etc.), le caerían encima acusaciones de misoginia, cancelación y dimisión inmediata. Aquí es la ministra de Igualdad quien lo dice y la noticia se trata como algo normal.
Y hay que tener en cuenta el contexto de poder. No es una tuitera random la que dice esto. Es la titular del Ministerio de Igualdad del Gobierno de España. Cuando la persona que gestiona las políticas de “igualdad” habla así del 50 % de la población, no es una opinión inocente, es discurso institucional con carga ideológica.
Luego se extrañan de que los jóvenes no se identifiquen como feministas y culpan a la Manosfera. El feminismo institucional no tiene nada que ver, claro.
Ayer argumentaba que el problema fundamental de España es que el votante mediano no quiere reformar nada y vota a quien le promete que no reformará nada. Y lo votaría igual si hubiera listas abiertas, circunscripción nacional única, sistema mayoritario uninominal, partidos políticos muy débiles o prácticamente cualquier otra reforma institucional que se le ocurra.
Pongamos un ejemplo muy sencillo.
El problema de nuestro sistema de pensiones contributivo de reparto (ojo, contributivo) y el origen de sus 62.000 millones de déficit es que el valor presente descontado esperado de los pagos del sistema a una persona es aproximadamente un 60 % superior al valor presente descontado de las cotizaciones que esa persona (directa o indirectamente, por medio de su empresario) ha pagado. El tipo de descuento correcto en este caso es (simplificando un poco porque esto es un post en X, no un trabajo académico) igual a la tasa de crecimiento de la población activa más la de la productividad.
Es decir, tenemos un sistema excesivamente generoso, quizás no según los criterios de justicia de los mundos de Yupi, pero sí según la triste realidad de la economía española.
Esta excesiva generosidad del sistema no es nueva, sino que se remonta a la Ley de Bases de la Seguridad Social de 1963. El franquismo creó un sistema absolutamente demencial que, irónicamente, la democracia ha mantenido en lo básico hasta hoy (para lo cual no ha habido “memoria democrática”).
Si cualquier partido se presenta a las elecciones proponiendo que hay que reducir ese 60 % de excesiva generosidad, por ejemplo, introduciendo un sistema de cuentas nocionales similar al sueco, va a ser absolutamente machacado en las urnas, con esta ley electoral y con cualquier otra.
En general, los votantes de mayor edad no renunciarán a un porcentaje de sus pagos presentes y futuros, y encontrarán decenas de falacias para defender su posición. La más común será “esto se arregla reduciendo el despilfarro en otras partidas del gasto público” (algo que ignora la lección número 1 de economía: el coste de oportunidad; no hay razón alguna por la que los ahorros que obtengamos de reducir el despilfarro tengan que emplearse en mantener un sistema de pensiones contributivo excesivamente generoso). Otras incluirán “no hay razón por la que un sistema de pensiones contributivo tenga que pagarse solo con cotizaciones” (un argumento demencial, pues implica que debemos redistribuir por edad, no por necesidad; que este argumento venga a menudo de la izquierda es particularmente perverso). Y finalmente, la tan común “tú quieres que la banca gane dinero” (por mucho que la reforma más sensata sea un sistema público de cuentas nocionales con un pilar de capitalización gestionado por mutuas sin ánimo de lucro, sistema en el que la banca probablemente perdiese negocio y beneficio con respecto al actual).
Sea sincero con usted mismo. ¿Cuánta gente conoce usted que acepte la realidad del sistema? ¿Y cuánta gente quiere de verdad reformarlo? Es más, estoy seguro de que al menos el 50% de la gente que va a leer esta entrada o no entenderá el argumento o lo negará.
No es la ley electoral, no es Pedro Sánchez, no es Alberto Núñez Feijóo, no es Carles Puigdemont. Es la política sin romance.
Aquí hay más detalles sobre lo que he explicado
https://t.co/yUiv6vm9vB
Pero una advertencia: tengo que actualizar algunos números y ajustar la TIR del sistema.
Ayer publicaba El Confidencial una larga entrevista con Feijóo:
https://t.co/snZN4J8Nwp
A menudo es más informativo comprobar de qué no habló Feijóo:
1) La palabra “pensiones” (o variaciones como “seguridad social”) no aparece nunca.
2) La palabra “fecundidad” (o variaciones) no aparece nunca.
3) La palabra “productividad” (o variaciones) no aparece nunca.
4) La expresión “déficit público” solo aparece una vez, al explicar por qué Rajoy se encontró en una situación complicada al llegar al gobierno.
5) Sobre vivienda solo dijo “¿Voy a derogar la legislación intervencionista de vivienda? Por supuesto.” y “Construimos un millón de viviendas. No tenga usted ninguna duda.”
6) Sobre inmigración, solo dijo: “¿Voy a derogar la política inmigratoria del Gobierno, desordenada, precipitada, que da derechos a lo que es ilegal? Por supuesto.”
Distintos lectores pueden ordenar estos seis problemas estructurales de España (pensiones, fecundidad, productividad, cuentas públicas, vivienda e inmigración) de manera diferente, pero es difícil argumentar que no sean los seis problemas fundamentales a los que nos enfrentamos a largo plazo. Sobre cuatro de ellos, Feijóo no dijo absolutamente nada. Sobre dos de ellos, dijo obviedades vacías.
Esta entrevista puede interpretarse de dos maneras.
Primera, que ya cerca de la Moncloa, Feijóo es reacio a dar armas al adversario explicando las reformas que quiere implementar.
Segunda, que Feijóo no piensa hacer nada serio con respecto a estos seis problemas.
Yo le doy mucha más probabilidad a la segunda interpretación. ¿Por qué? Porque el votante mediano del PP, relativamente mayor y con vivienda en propiedad, no quiere realmente que cambie nada:
1) En materia de pensiones, el votante mediano del PP quiere que el sistema se mantenga como está, porque es el principal beneficiario.
2) En fecundidad, al votante mediano del PP le importa poco el futuro demográfico de España, pues ya se habrá muerto cuando empiece a ser catastrófico.
3) En productividad, el votante mediano del PP pierde más con los costes de ajuste de la liberalización de mercados o las reformas estructurales en el corto plazo de lo que gana en bienestar en el largo plazo.
4) En déficit público, el votante mediano del PP pierde más con cualquier ajuste serio de las cuentas públicas (no, “cortar el despilfarro”, aun siendo necesario, no da para tanto; no se haga usted las cuentas del Gran Capitán que veo constantemente en X).
5) En vivienda, el votante mediano del PP es propietario de vivienda, y que esta suba de precio es su principal ganancia de riqueza. De hecho, “la legislación intervencionista” es un guiño para eliminar controles de alquileres, que, aun siendo una medida necesaria desde mi perspectiva, beneficia indudablemente a los propietarios.
6) En inmigración, el votante mediano del PP sale beneficiado gracias al flujo de caja fiscal positivo que generan los inmigrantes en el corto plazo, aunque su flujo de caja fiscal total sea negativo a largo plazo. Y muchos votantes del PP (pequeños y medianos empresarios) ganan con la presión a la baja de los salarios y el incremento del precio de la vivienda causados por la inmigración.
A fin de cuentas, el votante mediano del PP quiere la misma política económica que ha seguido el PSOE (y el PP en iteraciones anteriores), quizás con impuestos sobre la renta ligeramente más bajos y menos corrupción “de los otros” (la corrupción de “los nuestros” siempre es lawfare).
Es particularmente revelador que en la entrevista le pregunten a Feijóo si no hará como Rajoy y, al final, no cambiará nada. Feijóo, que debía venir preparado para esta pregunta, responde que Rajoy llegaba en una situación de emergencia. Esta explicación se cae por sí sola: Montoro no presentó el presupuesto hasta después de las elecciones andaluzas del 25 de marzo de 2012. Para eso sí que había tiempo.
Como llevo insistiendo últimamente: la política es siempre sin romance. El gobierno del PP no cambiará nada sustancial porque el votante mediano del PP no quiere que nada sustancial cambie. Por eso el PP ha elegido como líder a Feijóo. Y por eso cosas como cambiar la ley electoral, el bálsamo de Fierabrás de muchos, no servirán para nada. El problema de España es que los políticos llevan 30 años siguiendo a la perfección lo que quiere el votante mediano.
El gobierno no envió ayuda a Valencia tras la DANA porque quería sacar rédito político y dejó tirados a los valencianos.
Por mucho que digan ahora, todos recordamos estos momentos.
Erica Komisar, psicoanalista y autora especializada en crianza, argumenta aquí que los padres no son sustitutos ni “ayudantes” de las madres, sino que aportan algo único e insustituible al desarrollo de los hijos.
Su tesis principal es que madres y padres cumplen roles complementarios (no intercambiables):
-Las madres suelen ser la figura principal de apego emocional: calman, consuelan y dan seguridad (“Oh, cariño, ven aquí”).
-Los padres, a través del juego físico vigoroso y límites firmes pero amorosos, enseñan a los hijos a regular la intensidad emocional, controlar impulsos, tolerar la frustración y lanzarse al mundo con confianza (“Vamos, estás bien, levántate y sigue”).
Komisar sostiene que estos roles tienen bases biológicas (oxitocina en madres, vasopresina en padres) y que negar la diferencia o tratar a los padres como “madres secundarias” empobrece el desarrollo de los niños, especialmente de los varones. Critica la idea moderna de que “cualquier padre sirve igual” y defiende que reconocer lo que aportan específicamente los padres no es sexista, sino realista y beneficioso para los hijos.
«España no produjo grandes matemáticos». Hace unos días leí esta afirmación de un negrolegendario convencido. Lo curioso no era su ignorancia, lo verdaderamente interesante era la idea de ciencia que estaba presuponiendo, una idea profundamente errónea.
Y esto merece un hilo. 👇
⭕️ Reflexión antes de dormir 55. (18-6-2026) #ReflexionAntesDeDormir
ESPAÑA, ¿QUÉ TE PASA?
Quizás mis lectores (os amo) sepáis que esta puñetera semana el aquelarre progre que tiene bien atornillados sus traseros a los cómodos sillones del Consejo de Ministros, Ministras y Ministres ha decidido repartir 10.000 millones de € a donde y quien le ha dado la gana. Voy a repetirlo con ceros por si no son conscientes de la cifra: 10.000.000.000 €.
Pero no mucha más gente lo sabe. Tengo que agradecer enormemente a @TheObjective_es y a @alvaronieto que me hayan dado la oportunidad de informar de estos dispendios semana tras semana en una sección llamada #AsiGastaElGobierno
Lo cierto, y la fuente de mi frustración, es que ningún medio más se interesa por toda esta marea de información cuya importancia en mi opinión es infinitamente mayor que las basurillas que copan todos los programas de televisión día a día. De hecho, sean conscientes de que el único instrumento estatal de gestión pública que está funcionando a toda máquina es el poder Ejecutivo (@sanchezcastejon), y lo está haciendo sin rastro alguno de control ni de vinculación al poder legislativo.
¿Pero qué coño te pasa España? ¿En serio interesa más cuatro niños poniéndose los cuernos en la tv que la ruina de sus hijos? ¿Saben que los casos que hoy están judicializados y acorralando al gobierno por su propia corrupción nacieron en resoluciones del Consejo de MInistros?
Intento sacar fuerzas de flaqueza para seguir con la labor de investigación y publicación de todo el gasto público que ejecuta el gobierno cada semana, incluyendo toda la creciente labor de gasto en proyectos extraños de cooperación internacional para el desarrollo, pero no puedo evitar mostrar mi enfado cuando soy consciente de que a la inmensa mayoría de la población "se la suda" todo esto.
El grado de tolerancia social al escándalo ya entra en el terreno de lo patológico, sería buen momento para plantear cómo someter a la ciudadanía a un tratamiento de choque para que deje de mostrarse dócil y obediente ante personas pertenecientes a organizaciones cuasi criminales que dirigen sus acciones con lo público hacia una ruina económica y social que se acerca cada vez más en el tiempo. Cuesta seguir, la verdad, ¿es predicar en el desierto?
Pablo Cambronero. Mañana más.. (espero)
Primer artículo que veo en prensa española acerca de este informe sobre los abusos sexuales a niñas en Reino Unido
Lo que cuenta este informe de Rupert Lowe coincide con informes oficiales previos que nadie ha podido desmentir:
-El Jay Report (2014) sobre Rotherham: al menos 1.400 niñas explotadas sistemáticamente.
-El informe de Telford (2022): más de 1.000 víctimas en esa sola localidad.
-Casos documentados en Rochdale, Oxford, Oldham, Bradford y decenas de distritos más.
Todos ellos describen el mismo patrón: bandas organizadas (mayoritariamente de origen pakistaní), niñas vulnerables (muchas blancas británicas de clase trabajadora), violaciones grupales, tráfico, violencia extrema y, sobre todo, el encubrimiento institucional por miedo a “parecer racistas”.
Aunque la cifra real fuera “solo” 100.000 casos (o incluso menos), seguiría siendo uno de los mayores escándalos de abuso sexual infantil en la historia de la Europa moderna en tiempos de paz. Miles de niñas destrozadas durante décadas mientras la policía, los servicios sociales y los políticos miraban para otro lado.
Creo que el debate sobre el número exacto o sobre el autor de este último informe no debería servir para minimizar lo monstruoso del fondo. El miedo a "dar munición a la derecha" es exactamente lo que permitió que esto durara décadas. Ese fue el problema original. Eso es lo que hay que reconocer y corregir, venga de quien venga el informe que lo pone encima de la mesa.
https://t.co/lF5Rcoaczx