Ni ustedes ni yo disponemos del habitual júbilo decembrino, pero aun así les deseo una feliz navidad. No se dejen consumir por el hastío y la desesperanza; sean amables con el prójimo, coman algo rico y beban un poco de cerveza, porque, bueno, ¿qué más se puede hacer?
Con unas ganas inmensas de meter ambas manos por la boca, deslizarlas por mi garganta y descender lo suficiente hasta tocar aquella cosa que siento, apretarla con intención de estrangulamiento y arrancarla de un tirón para luego arrojarla al bote de basura más cercano.