El apodo “amor” en sí, es muy bonito pero me derrite muchísimo cuando le añaden el MI, porque siento que lo hace el doble de especial, es como “sí MI amor” o sea, soy tuyo, dímelo otra vez.
Mi parte favorita de una relación es cuando empiezan a contarse anécdotas de la infancia. De pronto ya sabes por qué se quebró el tobillo, de dónde salió la cicatriz en la ceja y los chistes familiares. Ese nivel de confianza es simplemente hermoso.